EXPOSICIÓN Shapochnik.

F. de Saussure, “Introducción, cap. I-III en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso. A cargo de Maia Shapochnik

Capítulo I

Saussure hace un repaso por la historia de la lengua y analiza las razones por las cuales esta no puede determinar un objeto de estudio propio.  Saussure Intenta todo el tiempo colocar a la lingüística en el camino de la ciencia.

CAPÍTULO II

La materia de la lingüística son todas las manifestaciones del lenguaje humano.

La lingüística debe llevar a cabo la descripción e historia de todas las lenguas, la búsqueda de fuerzas que intervengan de forma permanente e universal en todas las lenguas y debe poder establecer leyes generales a los que se puedan reducir los fenómenos particulares de la historia.

La lingüística tiene conexiones con otras ciencias, pero tiene que delimitarse ella como ciencia. 

Capitulo III

Todo este capítulo lo va a dedicar a distinguir el lenguaje de la lengua y la lengua del habla

La lengua es la parte social del lenguaje, exterior al individuo. Este no puede ni crearla ni modificarla por sí solo. Mientras que el lenguaje es multiforme y heteróclito, la lengua es la que hace la unidad del lenguaje. Se la localiza en donde la imagen acústica se asocia al concepto. Existe como parte de un contrato establecido entre los miembros de la comunidad. Se necesita de un aprendizaje para conocer su funcionamiento.

La legua es un objeto que se puede y se debe estudiar separadamente. En ese sentido se la distingue del habla. Mientras que la lengua es social y constituye la parte esencial del lenguaje, el habla es individual y es un elemento accesorio. La lengua es un producto que el individuo registra pasivamente.

La lengua es un objeto de naturaleza concreta. Los signos lingüísticos no son abstracciones por ser psíquicos. Son realidades que tienen su asiento en el cerebro. Los signos de la lengua son tangibles. La escritura puede captarlos.

La lengua está dentro de los hechos humanos, es un sistema de signos que expresan ideas.

La semiología es la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social. Ella nos enseñara en que consisten los signos y cuáles son las leyes que la gobiernan. Esta ciencia todavía no existe, pero tiene derecho a su existencia. Las leyes que la semiología descubra serán aplicadas a la lingüística.

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EXPOSICIÓN 2.2: Di Iorio – Saussure (06-08-19)

F. de Saussure, “Introducción, cap. IV-VII” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2015, pp. 69-98. A cargo de German E. Di Iorio.

– Cap. IV. La cientificidad del lenguaje está en la lengua. Ésta es su parte esencial y los demás elementos (los del habla) deben subordinarse a tal ciencia primera para encontrar su lugar natural. Hay una interdependencia compleja entre lengua y habla: “aquella es a la vez el instrumento y el producto de ésta. Pero eso no les impide ser dos cosas absolutamente distintas” (p. 71). A pesar de estar de hecho implicada en el habla, de derecho sería quimérico reunirlas.

– Cap. V. Hay que eliminar del estudio de la lengua lo que corresponde a la “lingüística externa” (etnología, historia política, instituciones y extensión geográfica). La prueba de que son dos puntos de vista separados es que sus métodos son diferente. Frente a la acumulación sin reparos, para la lingüística interna “la lengua es un sistema que no conoce más que su orden propio y peculiar” (p. 76), cuya regla es: “es interno todo cuando hace variar el sistema en un grado cualquiera” (p. 77).

– Cap. VI. El habla es el único objeto de la lingüística, pero la escritura es su representación habitual. El problema con este objeto extraño al sistema interno es que ha llegado a usurparle el papel principal. Este falso prestigio se debe a que: 1) por su mayor permanencia parece una mejor unidad de la lengua; 2) lo visual impresiona más que lo acústico; 3) la lengua literaria tiene a la ortografía como código escrito que la regula, lo que nos hace olvidar que se aprende a hablar antes que a escribir, “y la relación natural queda invertida (renversé)” (p.82); 4) cuando hay desacuerdo entre lengua y ortografía, es más cómodo apoyase en la segunda. Esta suplantación del espíritu de la palabra es mayor en los sistemas de escritura ideográficos (por ej., el chino) que en la escritura fonética (alfabeto griego), limitándose el estudio a la segunda. Pero la armonía griega entre grafía y pronunciación no dura, porque mientras la primera es inmutable, la segunda evoluciona sin cesar, teniendo como principal efecto una multiplicidad de signos gráficos para un mismo sonido. En conclusión, “la escritura vela y empaña la vida de la lengua: no es un vestido, sino un disfraz” (p. 88). Esta tiranía de la letra llega incluso a modificar la lengua, produciendo pronunciaciones viciosas, “lo cual es, en realidad, un hecho patológico” (p. 90). Tales monstruosidades ortográficas no son naturales a la lengua y sólo corresponden una rama teratológica de la lingüística.

– Cap. VII, La fonología es la ciencia auxiliar que libera a la lengua de la escritura al reforzar su subordinación al habla. A pesar de no ser una parte esencial de la lengua como la fonética, trazar el sistema fonológico que determine un signo escrito para cada elemento del habla es fundamental para estudiar la estructura de un idioma. En las lenguas muertas se cuenta con datos indirectos de indicios externos e internos. Para la lengua viva hay único método racional: “a) establecer el sistema de sonidos tal como resulta de la observación directa; b) observar el sistema de signos que sirven para representar -imperfectamente- los sonidos” (pp. 97 y 98).