2 – Jacques Derrida, «Capítulo segundo: Lingüística y gramatología», en: De la gramatología, trad. O. del Barco y C. Ceretti, México: Siglo XXI, 1998, pp. 37-96.

Jacques Derrida, «Capítulo segundo: Lingüística y gramatología», en: De la gramatología, trad. O. del Barco y C. Ceretti, México: Siglo XXI, 1998, pp. 37-96.

  • Lingüística y gramatología: el problema de una ciencia de la escritura DOS PARTES: A-sobre la «idea de ciencia en general» y B- sobre la «idea de una ciencia general de la escritura»:

A:

  1. La idea de ciencia en general nació en una cierta época de la escritura.(La ciencia presupone la escritura)Cf. punto 5.
  2. La ciencia en general presupone determinadas relaciones entre habla y escritura. (no sólo presupone la escritura sino la relación de subordinación con el habla)
  3. Estuvo ligada en primer lugar al concepto y a la aventura de la escritura fonética. (Concepto, metafísica de la presencia, continuidad, resolución vs. juntura)

B:

  1. Que la idea de una «ciencia general de la escritura» nació en una cierta época de la historia del mundo. (La idea de una ciencia de la escritura presupone la historia, proviene de una cierta comprensión de la historia) Nosotros venimos oponiendo Hegel a Nietzsche, la idea de continuidad a la de ruptura, de totalidad a la de incompletitud.
  2. Que la escritura es la condición de posibilidad de los objetos ideales y, por lo tanto, de la objetividad científica: condición de la episteme. (la escritura es la condición de posibilidad de los objetos de las ciencias)
  3. Que la historicidad misma está ligada a la posibilidad de la escritura. (La historia presupone la escritura) Contraposición con el punto 4: la ciencia de la escritura, en tanto que ciencia y en tanto que su objeto es histórico, presuponen la historicidad; mientras que la propia historicidad presupone la escritura.
  • (p. 38) Las ciencias positivas y clásicas no pueden sino reprimir este tipo de preguntas y «hasta un cierto punto» esta represión es necesaria para que progresen. Cf. Heidegger, ¿Qué significa pensar?—–» «la ciencia no piensa». Sin embargo, allí reside su positividad.
    • «Su represión tiene consecuencias efectivas en el contenido de las investigaciones».
  • Lo que va a tratar de hacer en esta parte es una suerte de «deconstrucción de la lingüística«, interviniendo sobre sus presupuestos metafísicos.
  1. Irrupción del afuera en el adentro, pp. 46, 57.
    1. SAUSSURE: intento de determinar el adentro de la lengua expulsando a la escritura.
      1. De determinar las relaciones «naturales» de la lengua, separando su artificialidad y la «usurpación» de esa naturalidad de parte de la escritura.
        1. La escritura como perversión, incluso de orden sexual: el cuerpo se impone al espíritu y al alma.
          1. Tiranía del cuerpo sobre el alma, p. 50.
            1. «Para Saussure, ceder al «prestigio de la escritura» es, decimos nosotros de inmediato, ceder a la pasión. Es la pasión -y hemos sopesado este término- lo que analiza Saussure y critica como moralista y psicólogo de una tradición muy vieja. […] «… tiranía de la letra», dice en otra parte Saussure (p. 81). Esta tiranía es en el fondo el dominio del cuerpo sobre el alma, la pasión es una pasividad y una enfermedad del alma, la perversión moral es patológica. La acción de retorno de la escritura sobre el alma es «viciosa», dice Saussure, «… lo cual es, en realidad, un hecho patológico» (p. 81). La inversión de las relaciones naturales habría engendrado así el culto perverso de la letra-imagen: pecado de la idolatría, «superstición de la letra» dice Saussure […]».
            2. Me da la impresión de que en esta «inversión», en este «retorno», en esta «perversión» pasional y sexual, en este darse vuelta del alma para volverse pasiva, hay una especie de sodomía de la letra.
              1. Es como si la grafía se diera vuelta para sodomizar al alma, para volverla pasiva, para «invertirla».
  2. Y esta inversión es posible por la arbitrariedad del signo.
    1. Habría distintos niveles de arbitrariedad
      1. Mientras que la arbitrariedad del signo fónico sería natural, la del signo escrita sería artificial.
        1. Cf. Platón República X: la arbitrariedad de la escritura ya no participa de la idea. pp. 45, 58-59.
        2. Tener presente que Platón habla de la pintura (lenguaje no-fonético).
        3. Ahí no está presente la idea de la phoné aunque sí del logos entendido como sentido.
  1. Frente a esto Saussure va a proponer una reducción de la materialidad a la fonética, de la lengua literaria a la lengua propiamente dicha.
    1. Pero esta reducción a veces no es posible sin que implique una deformación fónica que aparece como resultado de haber pasado por la escritura: son los casos teratológicos.
      1. En este sentido yo creo que en el texto hay que oponer dos movimientos: uno es el de la «reducción» -a lo fónico, al concepto, a lo natural-, que es el propio de la lingüística; y otro es el de la «usurpación» que refiere a esa contaminación que proviene de la escritura y que si bien la lingüística trató de aislar, de separar, de poner en cuarentena para que no contagie a la lengua, sin embargo Derrida quiere demostrar que ya está actuando desde el origen de la lengua.
        1. El origen de la lengua es la escritura, lo que -como vamos a ver- quiere decir que no tiene origen.
      2. Y acá está la lectura materialista que yo ya les mencioné (Goux) Reducción: dominio de la clase dominante (espiritual) sobre la clase trabajadora (material).
        1. Transformación de lo material en valor, extracción de riqueza a partir de la fuerza de trabajo y transformación de esa fuerza en dinero.
        2. Por lo contrario, hay algo en esa fuerza que no se deja traducir sin más a dinero: usurpación es que la materia -la fuerza de trabajo, la escritura- reclame lo que le pertenece.
        3. En relación a la escritura, digamos que al reducir lo material a lo fonético la lingüística oculta el «trabajo del significante» [LACAN].
          1. «Todos los dualismos, todas las teorías de la inmortalidad del alma o del espíritu, así como los monismos, espiritualistas o materialistas, dialécticos o vulgares, son el tema único de una metafísica cuya historia debió tender toda hacia la reducción de la huella. La subordinación de la huella a la presencia plena que se resume en el logos, el sometimiento de la escritura bajo un habla que sueña con su plenitud, tales son los gestos requeridos por una onto-teología que determina el sentido arqueológico y escatológico del ser como presencia, como parusía, como vida sin diferencia […]». p. 92.
            1. Logocentrismo o Metafísica de la presencia: deseo de un significado trascendental, p. 63. Parusía, p. 67: «Dominada por la supuesta «civilización de la escritura» en la que vivimos, civilización de la supuesta escritura fonética, vale decir del logos donde el sentido del ser está, en su telos, determinado como parusía«.
            2. Traducción de la materia al sentido.
              1. Resolución, síntesis y homogeneización de la diferencia.
              2. Sentidos comunes, universalmente válidos.
              3. Conceptos, significado común por detrás de los múltiples significantes.
              4. Tendencia unificante a lo Uno.
                1. Lo intraducible en la escritura: la literatura.
                2. Cf. La escritura manual en Heidegger. Cf. nota al pie de la página 68.
          2. Cf. Goux, p. 143: «Escribamos entonces que todo «trabajo sobre las palabras» que sólo tiene en vista la renta de un sentido separable de su función (lenguaje discursivo, expresivo) corresponde al movimiento de valorización de un «capital industrial». Se trata de hacer trabajar la escritura para hacer lo más de sentido posible. Podemos enunciar también, que al límite (este límite es el de la filosofía idealista) la reabsorción de toda huella [trace] (de todo trabajo) en la presencia plena del sentido, corresponde en todo punto al movimiento de valorización de un capital usurario o de una manera general a la ignorancia (a la excensión) de todo trabajo, de todo medio entre valor y valor».
          3. GOUX p. 130: «Tomamos los materiales fónicos o escriturales como «simples signos», simples significantes(con un sentido exterior, trascendente); les negamos su carácter operatorio (de medio de producción) y su carácter operado (de producto). Ocultamos el hecho de que el sentido no es sino un producto del trabajo de signos reales, el resultado de la fábrica del texto, del mismo modo que camuflamos el carácter de mercancía de la plata (metal trabajado, que no tiene valor sino por su trabajo) para hacerlo un signo arbitrario secundario – «un simple signo»».
            1. DERRIDA: «[…] el logos como sublimación de la huella es teológico«. p. 92.
            2. GOUX, p. 118: «A partir de estas teorías clásicas, es un gesto comparable, aunque concierna a dos economías específicas, la economía material determinante, y la economía significante, que dirige aquí la crítica de Marx y la de Freud. Un mismo esfuerzo complejo de restitución, de reintegración, a contracorriente de la reducción diacrítica por la cual lo conciente -o la conciencia idealista- domina, sublima, y rellena, su base material y su enraizamiento histórico».
  1. Hay entonces 2 reducciones: primero, de la escritura a la materia fónica; y segundo, de esta a la lengua.
    1. LEER parágrafo p. 69.
      1. Una especie de «destilado» del sentido que va produciendo simultáneamente un resto: la literatura.
        1. «Al reconocer la especificidad de la escritura, la glosemática [teoría lingüística de Hjemslev] no sólo se daba los medios para describir el elemento gráfico. Designaba también el acceso al elemento literario, a lo que en la literatura pasa a través de un texto irreductiblemente[Cf. «reducción«] gráfico, que liga el juego de la forma a una sustancia de expresión determinada», p. 77.
          1. Creo que esto «irreductible» es la literatura, no como mera «grafía», por supuesto, sino como ese aspecto de la lengua que no puede ser reducido a mero sentido, que no puede ser capturado por la significación o, dicho un poco más heideggerianamente, que no puede ser traducido a mera información.
            1. En este sentido, literatura, huella, diferencia, escritura señalan el aspecto del lenguaje que Heidegger llama «poesía».
  1. Ahora bien, antes decíamos que Derrida iba a sostener que eso que la lingüística quiere dejar fuera, esa especie de «resto» de la fabricación -lo literario-, es un resto pero no porque sea lo que queda de la fabricación -la basura, los restos-, sino que es resto porque no puede ser reducido en su producto mismo.
    1. Volviendo al ejemplo de República X: hay dos lecturas que se superponen
      1. Una, que la pintura de cama es el «resto» de ese destilado, la basura que ya no participa de la idea.
      2. Otra, la de Deleuze, que ese resto es en realidad el que produce la idea en el sentido diferencial que mencionamos antes.
        1. Para Deleuze la idea es un «efecto de verdad» del simulacro.
    2. Y no puede ser reducido porque -como vamos a ver en un rato- es lo que permite que ese producto sea lo que es, o dicho más concretamente, porque allí donde la escritura no puede ser reducida a materia fónica es donde la propia materia fónica adquiere su significación: la huella.
      1. Así pues, ese resto no puede ser separado sino que está antes de la materia fónica. De allí proviene su significación, a punto tal que -como dijimos- va a ser lo originario de esa propia materia fónica.
      2. En suma, digamos que la escritura remite a lo material, a lo «aprovechable», a lo «consumible» por la lengua -podríamos decir a lo «decible«- y que eso material es inagotable en tanto haya significación.
      3. Y si bien esa escritura, ese resto, no es él mismo materia fónica -y subrayo el «fónica»-, sí es materia fónica -y subrayo la palabra «materia»-.
        1. Con esto quiero decir que si bien está fuera del fonocentrismo, se trata de un afuera que está adentro y «no más allá de sus límites exteriores». Adentro, en el lugar del origen, en el lugar del fundamento pero, paradojicamente, señalando la ausencia de origen y de fundamento.
          1. Esta es la idea del afuera en el adentro que está en el centro de este capítulo y que, si bien Derrida no lo menciona, a mi entender está en diálogo con un texto de Foucault de 1966 que lleva como título «El pensamiento del afuera».
            1. p. 12: «De hecho, el acontecimiento que ha dado origen a lo que en un sentido estricto se entiende por «literatura» no pertenece al orden de la interiorización más que para una mirada superficial; se trata mucho más de un tránsito al «afuera»: el lenguaje escapa al modo de ser del discurso -es decir, a la dinastía de la representación-, y la palabra literaria se desarrolla a partir de sí misma, formando una red en la que cada punto, distinto de los demás, a distancia incluso de los más próximos, se sitúa por relación a todos los otros en un espacio que los contiene y los separa al mismo tiempo [¿espaciamiento?]. La literatura no es el lenguaje que se identifica consigo mismo hasta el punto de su incandescente manifestación [metafísica de la presencia], es el lenguaje alejándose lo más posible de sí mismo; y si este ponerse «fuera de sí mismo», pone al descubierto su propio ser, esta claridad repentina revela una distancia más que un doblez, una dispersión más que un retorno de los signos sobre sí mismos. El «sujeto» de la literatura (aquel que habla en ella y aquel que ella habla), no sería tanto el lenguaje en su positividad, cuanto el vacío en que se encuentra su espacio cuando se enuncia en la desnudez del «hablo»».
            2. p. 24: «De ahí la necesidad de reconvertir el lenguaje reflexivo. Hay que dirigirlo no ya hacia una confirmación interior, -hacia una especie de certidumbre central de la que no pudiera ser desalojado más- sino más bien hacia un extremo en que necesite refutarse constantemente: que una vez que haya alcanzado el límite de sí mismo, no vea surgir ya la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va a desaparecer; y hacia ese vacío debe dirigirse, aceptando su desenlace en el rumor, en la inmediata negación de lo que dice, en un silencio que no es la intimidad de ningún secreto sino el puro afuera donde las palabras se despliegan indefinidamente».
            3. Cf. «La retirada de la metáfora», p. 47: «La representación de una clausura lineal y circular rodeando un espacio homogéneo es justamente -y éste es el tema en que más insisto una autorrepresentación de la filosofía en su lógica ontoenciclopédica. Podría multiplicar las citas, a partir de La différance, donde se decía por ejemplo que el «texto de la metafísica» no está «rodeado sino atravesado por su límite», «señalado en su interior por el surco múltiple de su margen», «huella simultáneamente trazada y borrada, simultáneamente viva y muerta» (pág. 25)».
        2. A partir de acá hay que pensar, y lo voy a mencionar más adelante, el vínculo entre este afuera en el adentro, foucaultiano y derrideano, con la idea de «retirada» o «sustracción» en Heidegger. Vínculo que, por otra parte, plantea el propio Derrida en «La retirada de la metáfora» y que creo yo tenemos que trabajar en este contexto.
  1. Derrida plantea la «exterioridad interna de la escritura al habla» en la p. 60.
    1. «Es necesario pensar ahora que la escritura es, al mismo tiempo, más externa al habla, no siendo su «imagen» o su «símbolo», y más interna al habla, que en sí misma es ya una escritura. Antes de estar ligada a la incisión, al grabado, al dibujo o a la letra, a un significante que en general remitiría a un significante significado por él, el concepto de grafía implica, como la posibilidad común a todos los sistemas de significación, la instancia de la huella instituida«.
    2. Acá hay una discusión con la inmanencia propia de todo objeto de la ciencia, pero que la voy a mencionar más adelante.
      1. En todo caso mencionaría que este «afuera en el adentro» es disruptivo y señala la imposibilidad de cierre y la imposibilidad de inmanencia. Pero vuelvo a eso en un rato.
  2. Antes de eso, y siguiendo la idea que mencioné antes del «trabajo del significante» que aparece en Lacan, en Goux y acá, y que la metafísica trata de ocultar detrás de un significado separado; tenemos que ver lo que Derrida denomina «Efecto de espejo» en la p. 48
    1. Eso que Saussure llama «usurpación» de la letra, Derrida lo vincula tanto al «estadio del espejo» de Lacan como a la circularidad de la representación.
      1. Se trataría de una suerte de «origen especular», de un origen que no es uno sino que es dos, o que es la diferencia misma.
        1. El significante, aun entendido como representación, no es entonces la mera copia, sino que es una representación que vuelve sobre lo representado para instituirlo como tal. Ese es el trabajo del significante.
        2. p. 48: «Saussure: «Cuando se dice que es necesario pronunciar una letra de tal o cual manera, se toma la imagen por el modelo… Para explicar tal extravagancia se añade que en ese caso se trata de una pronunciación excepcional» (p. 80). Lo que es insoportable y fascinante es esta intimidad que mezclaría la imagen con la cosa, la grafía con la fonía, hasta un punto tal que por un efecto de espejo, de inversión y perversión, el habla aparece a su vez como el speculum de la escritura que «usurpa así el papel principal». La representación se une con lo que representa hasta el punto de hablar como se escribe, se piensa como si lo representado sólo fuera la sombra o el reflejo del representante. Promiscuidad peligrosa, nefasta complicidad entre el reflejo y lo reflejado que se deja narcisísticamente seducir. En este juego de la representación el punto de origen se vuelve inasible. […] No hay ya origen simple. Puesto que lo que es reflejado se desdobla en sí mismo y no sólo porque se le adicione su imagen. El reflejo, la imagen, el doble desdobla aquello que duplica. El origen de la especulación se convierte en una diferencia».
      2. EXPLICAR ESTADIO DEL ESPEJO Y CONCEPTO POLÍTICO DE REPRESENTACIÓN.
        1. Hobbes, Leviatán 1, pp. 155-156: «Una multitud de hombres se hace una persona cuando son representados por un hombre o una persona siempre que se haya hecho con el consentimiento de cada uno en particular de los de aquella multitud, pues es la unidad del mandatario, no la unidad de los representados, lo que hace de la persona una, y es el mandatario el portador de la persona, y de una sola persona. La unidad en multitud no puede entenderse de otra forma».
          1. Digamos que es la unidad del representante la que le da unidad a lo representado.
          2. El origen de la unidad de esto representado es diferencial y proviene del propio concepto de representación.
          3. Deleuze, p. 263: «Consideremos las dos fórmulas: «sólo lo que se parece difiere», «sólo las diferencias se parecen». Se trata de dos lecturas del mundo en la medida ,en que una nos invita a pensar la diferencia a partir de una similitud o de una identidad previas, en tanto que la otra nos invita por el contrario a pensar la similitud e incluso la identidadad como el producto de una disparidad de fondo. La primera define exactamente el mundo de las copias o de las representaciones;pone el mundo como icono. La segunda, contra la primera, define el mundo de los simulacros».
          4. Deleuze, p. 264: «Lo mismo y lo semejante sólo tienen ya por esencia el ser simulados, es decir, expresar el funcionamiento del simulacro». «Que lo Mismo y lo Semejante sean simulados no significa que sean apariencias o ilusiones. La simulación designa la potencia de producir un efecto«.
        2. En suma, eso que parece estar afuera, ser accesorio, pasible de ser separado como una mera copia, una mera representación, se termina revelando como la institución de lo que parecía estar antes, de lo primero.
          1. Tenemos que volver a pensar esto en relación a ese concepto de escritura que se revelaba como estando desde el primer momento, y que ahora se revela incluso como instituyendo a la propia phoné.
            1. Ese es el trabajo del significante sobre el significado y también el trabajo de la escritura sobre la phoné. Una especie de «trabajo retroactivo» en el que lo producido se termina revelando como lo que produce retroactivamente, o como lo denomina Lacan: «punto de capitón».

VUELVO UN POCO AL TEXTO:

  1. P. 56: «El sistema de lengua asociado a la escritura fonético-alfabética es aquel en el que se produjo la metafísica logocéntrica que determinó el sentido del ser como presencia».
    1. En la página 57 introduce el título: «El afuera es el adentro»
      1. Ser tachado: cf. Heidegger, Zur Seinsfrage.
  2. En la página 61: «Es necesario pensar la huella antes que el ente».
    1. La huella (Derrida), el ser (Heidegger), el trabajo (Marx-Goux) como borraduras que en su borramiento generan sentido.
      1. Borraduras que son borradas para generar sentido, completitud, totalización, significación.
    2. Este proceso de borramiento de la huella -borramiento de la borradura- es característico de la metafísica logocentrista.
      1. Fonocentrismo: disimulación de la archi-escritura, p. 73.
        1. La archi-escritura o archi-huella como movimiento de sublimación/reducción de lo material/escritura en un sentido espiritual. Movimiento que no es sino un movimiento de borramiento o disimulación.
          1. La construcción del sentido es el resultado de la negativización de lo negativo: la archi-huella, el ser, la nada. cf. Heidegger: la nada-nadea y el tzim-tzum, en la cábala también hay toda una teoría del lenguaje.
  3. Y acá entra la crítica a la inmanencia del objeto de la ciencia.
    1. «Es que la archi-escritura, movimiento de la diferancia, archi-síntesis irreductible, abriendo simultáneamente en una única y misma posibilidad la temporalización, la relación con el otro y el lenguaje, no puede, en tanto condición de todo sistema lingüístico, formar parte del sistema lingüístico en sí mismo, estar situada como un objeto dentro de su campo. (Lo que no quiere decir que tenga un lugar real en otra parte, en otro sitio determinable). Su concepto no podría de ninguna manera enriquecer la descripción científica, positiva e «inmanente» (en el sentido que Hjemslev le da a esta palabra), del sistema en sí mismo». p. 79.
      1. Cf. Heidegger, «La pregunta por la técnica»:

«La técnica no es igual que la esencia de la técnica. Si nosotros buscásemos la esencia del árbol, tendríamos que elegir aquello que domina a todo árbol en cuanto árbol, sin ser ello mismo un árbol, que se pueda encontrar entre los restantes árboles.

Así también, la esencia de la técnica no es, en absoluto, algo técnico. Por eso, nunca experimentaremos nuestra relación con la técnica, mientras nos representemos y dediquemos sólo a lo técnico, para apegarnos a ello o para rechazarlo».

  1. Cf. también Introducción a la filosofia, pp. 51-52:

«No estamos tan originalmente en la ciencia como para aprehender de raíz su crisis, es decir, para vernos aprehendidos o ser aprehendidos críticamente por ella en sentido serio. No nos hemos apropiado la ciencia de forma tan elemental y transparente como para, dentro de la ciencia misma, chocar con sus límites, es decir, como para entender chocando con esos límites de la ciencia, por qué, no de forma accidental, sino de forma necesaria, la ciencia está o viene delimitada como ciencia. Mientras no se llegue a que los investigadores se percaten en las distintas ciencias particulares de que con los medios de su ciencia nunca podrán entender esa ciencia radicalmente y llevar esa ciencia a sus propias raíces, es decir, poner esa ciencia ante sus propias bases, mientras ello no suceda, digo, resulta vana toda investigación de fundamentos. La matemática no puede entenderse matemáticamente, y la esencia de la filología no la aclarará ningún filólogo con métodos filológicos».

  1. Acá está de nuevo esa estructura del afuera en el adentro que mencionamos antes, aquí presentada como trascendencia en la inmamencia.
    1. Frente al «empirismo» de las ciencias: «… se plantea la pregunta por el origen trascendental del sistema en sí mismo…», p. 79.
    2. Inmanencia (totalidad, completitud) vs. trascendencia (repliegue, solapamiento, incompletitud, resto, «afuera en el adentro»).
      1. «… el progreso decisivo realizado por un formalismo respetuoso de la originalidad de su objeto, del «sistema inmanente de sus objetos», es acechado por el objetivismo cientificista, vale decir por otra metafísica inadvertida o inconfesada. Metafísica a la que muchas veces se reconoce actuando en la Escuela de Copenhague. Para no recaer en este objetivismo ingenuo es que nos referimos a una trascendentalidad que por otra parte ponemos en duda. Creemos que hay un más acá y un más allá de la crítica trascendental«. p. 80.
        1. Yo creo que se trata de un trascendentalismo sin trascendental, que aparece indicado por la tachadura. Cf. la diferencia entre «trascendental» y «trascendente» en la Crítica de la razón pura.
        2. En este sentido, yo creo que hay que pensar la posiblidad de plantear la huella y la archi-escritura en Kant.
          1. Noumeno en sentido positivo y negativo, pp. 94-95:

«[…] el signatum tenía una relación inmediata con el logos divino que lo pensaba en la presencia y para el cual éste no era una huella [sentido positivo]. Y para la lingüística moderna, si el significante es huella, el significado es un sentido pensable en principio en la presencia plena de una conciencia intuitiva. La faz significado, en la medida en que aún se la distingue originariamente de la faz significante, no es considerada como una huella: de derecho, no tiene necesidad del significante para ser lo que es».

  1. «Tal referencia al sentido de un significado pensable y posible fuera de todo significante, permanece dentro de la dependencia de la onto-teo-teleo-logía que acabamos de evocar», p. 95.
  2. La fenomenología de Peirce, p. 64.
    1. La manifestación constituye un signo. Fenomenología y hermenéutica: Heidegger; diferencia con Husserl, para quien la manifestación se reduce a la presencia.
    2. «La huella no sólo es la desaparición del origen; quiere decir aquí -en el discurso que sostenemos y de acuerdo al recorrido que seguimos- que el origen ni siquiera ha desaparecido, que [la huella] nunca fue constituida salvo, en un movimiento retroactivo, por un no-origen, la huella, que deviene así el origen del origen». p. 80.
      1. El origen es instituido retroactivamente a partir de un no-origen. Cf. LACAN: «punto de capitón»
      2. La idea es instituida retroactivamente por el simulacro. Cf. Platón, República X: la idea es un efecto del simulacro, un «efecto de verdad» (Deleuze).
      3. «No obstante sabemos que este concepto destruye su nombre y que, si todo comienza por la huella, no hay sobre todo huella originaria». p. 80.
        1. La huella es el nombre de una falta… originaria.
        2. Eso indica la tachadura: la falta que, por ser originaria, no tiene origen, sino que justamente indica la falta de origen.
        3. «La huella es, en efecto, el origen absoluto del sentido en general. Lo cual equivale a decir, una vez más, que no hay origen absoluto del sentido en general«. p. 84.
          1. OJO: eso tanto en Derrida como en Heidegger.
          2. «Por lo tanto aquí no se trata de una diferencia constituida sino, previa a toda determinación de contenido, del movimiento puro que produce la diferencia. La huella (pura) es la diferencia. No depende de ninguna plenitud sensible, audible o visible, fónica o gráfica. Es, por el contrario, su condición. Inclusive aunque no exista, aunque no sea nunca un ente-presente fuera de toda plenitud, su posibilidad es anterior, de derecho, a todo lo que se denomina signo […]». pp. 81-82.
            1. La huella es «inaudita» e «invisible», p. 84. Cf. Lo «inaudito» en Heidegger. Derrida, «El oído de Heidegger».
    1. La archi-escritura no puede reducirse a un objeto presente y por lo tanto no puede volverse el objeto de una ciencia, p. 74.
      1. Ella es, por una parte, el movimiento de producción de todo objeto pero, por otra, en tanto que negatividad y resto, ella mismase sustrae a todo objeto.
      2. Es la que produce objetos y ella misma no es un objeto ya que, justamente, los produce sustrayéndose, borrándose, disimulándose a la lógica de los objetos.
        1. Pero así como es el movimiento de sustracción[Entziehung] (cf. Heidegger, Parménides) que genera sentido y que generando sentido produce positividad, la huella también es el origen absoluto del sujeto.
    • «La retirada de la metáfora», p. 56:

    «El ser se retiene,se esquiva, se sustrae, se retira (sich entzieht) en ese movimiento de retirada que es indisociable, según Heidegger, del movimiento de la presencia o de la verdad. Al retirarse cuando se muestra o se determina como o bajo ese modo de ser (por ejemplo como eidos, según la separación o la oposición visible/invisible que construye el eidos platónico), sea que se determine, pues, en cuanto que ontóson bajo la forma del eidos o bajo cualquier otra forma, el ser se somete ya, dicho de otro modo, por así decirlo, sozusagen, so to speak, a un desplazamiento metafórico-metonímico. Toda la llamada historia de la metafísica occidental sería un vasto proceso estructural en el que la epoché del ser, al retenerse, al mantenerse éste retirado, tomaría o más bien presentaría una serie (entrelazada) de maneras, de giros, de modos, es decir; de figuras o de pasos trópicos, que se podría estar tentado de describir con ayuda de una conceptualidad retórica.»

    1. «Constituyéndolo y dislocándolo simultáneamente, la escritura es distinta del sujeto, en cualquier sentido que se lo entienda. […]
      1. Escritura como doble ausencia del sujeto: signatario y referente, p. 54.
        1. Cf. «Envíos», en: La tarjeta postal.
      2. ¿Por qué la palabra «huella»?
        1. Porque se encuentra en diálogo con otros discursos contemporáneos, p. 91.
        2. En particular con Levinas («La huella del otro») y con la idea de «illéité» o «eleidad» (de la tercera persona singular «el»), entendida como el otro absoluto anterior a la distinción entre yo y tú; y con «una intención heideggeriana, esta noción [huella] significa, a veces más allá del discurso heideggeriano [notar que la intención va más allá del discurso. HJC], la destrucción de una ontología que en su desarrollo más profundo determinó el sentido del ser como presencia y el sentido del lenguaje como continuidad plena del habla».
          1. Derrida sería «más fiel» a la intención de Heidegger que el discurso del propio Heidegger.
            1. Cf. «Lo impensado» en Heidegger. Deconstruyendo a Heidegger, con Heidegger y contra Heidegger.
              1. Derrida es más heideggeriano que Heidegger.
          2. Finalmente, esta noción de huella remite a la noción de «Spur«, entendida en su sentido «irreductible» [otra vez, cf. la noción de «reducción»], tal y como ésta aparece en los discursos nietzscheano y freudiano.
            1. «En fin, en todos los campos científicos y especialmente en el de la biología, esta noción aparece actualmente como dominante e irreductible«.
      3. Espaciamiento y ek-sistencia heideggeriana.
        1. «Archi-escritura, primera posibilidad del habla, luego de la «grafía» en un sentido estricto, lugar natal de la «usurpación» denunciada desde Platón hasta Saussure, esta huella es la apertura de la primera exterioridad en general, el vínculo enigmático del viviente con su otro y de un adentro con un afuera: el espaciamiento. El afuera, exterioridad «espacial» y «objetiva» de la cual creemos saber qué es como la cosa más familiar del mundo, como la familiaridad en sí misma, no aparecería sin la grama, sin la diferancia como temporalización, sin la no-presencia de lo otro inscripta en el sentido del presente, sin la relación con la muerte como estructura concreta del presente viviente». p. 92.
        2. Juego: ausencia de significado trascendental, pp. 64-65.
          1. «El estudio del funcionamiento de la lengua, de su juego, supone que se coloca entre paréntesis la sustancia del sentido y, entre otras sustancias posibles, la del sonido. La unidad del sonido y del sentido es aquí, como lo proponíamos anteriormente, el tranquilizador cierre del juego». p. 74.
          2. «Lo que inaugura el movimiento de la significación es lo que hace imposible su interrupción». p. 64.
          3. «La significación sólo se forma, así, en el hueco de la diferencia: de la discontinuidad y de la discreción, de la desviación y de la reserva de lo que no aparece. Esta juntura del lenguaje como escritura, esta discontinuidad ha podido contrariar, en un momento dado, en la lingüística, un precioso prejuicio continuista«. p. 90.
            1. El de la metafísica de la presencia.
            2. «La juntura señala la imposibilidad, para un signo, para la unidad de un significante y de un significado, de producirse en la plenitud de un presente y de una presencia absoluta. Por esto es que no hay habla plena, aunque se la quiera restaurar mediante o contra el psicoanálisis». p. 90.
              1. No puede haber resolución del juego en tanto haya significación.
              2. Plenitud equivale a imposibilidad de significación.
                1. Cf. Heidegger, GA 29/30, p. 290 de la trad.: «De aquí resulta que el lenguaje no está sometido a la lógica en todo, sino que de la esencia del lenguaje y de los significados forma parte el ser inconsecuente, o, dicho de otro modo, que el lenguaje es algo que forma parte de la esencia de la finitud del hombre. Pensar un dios que se habla a sí mismo es el contrasentido absoluto«.
                  1. Pensar esto en relación a esa tendencia a «oírse hablar» de la que habla Derrida en la primera parte.
        3. La cuestión del «después» y la lógica del parásito, p. 70.
          1. Tal vez el «después» al que es confinada la escritura no venga después.
            1. Un ejemplo de eso puede encontrarse en la lógica de Hegel.
            2. «Pensamos, por el contrario, que la lengua oral pertenece ya a esta escritura. Pero esto supone ya una modificación del concepto de escritura que por ahora no hacemos más que anticipar». p. 72.
        4. Concepto vulgar de tiempo en Ser y tiempo y «linearización de la escritura» y el concepto lineal de habla, p. 93.
          1. Eso lo trabajará más adelante.
          2. Cf. Heidegger, «Logos», en: Conferencias y artículos: recolección y disposición horizontal.
        5. «CONCLUSIÓN» DEL CAPÍTULO: hay que poner al significado en el lugar del significante.
          1. ¿»Reducir» el significado al significante? ¿Contra-reducirlo? ¿Retraerlo a su base material en la escritura?

        Exposición 5.3: Tercera parte. Lingüística diacrónica, caps. I-IV.1

        CAPÍTULO I: «Generalidades»

        «La lingüística diacrónica estudia no ya las relaciones entre términos coexistentes de un estado de lengua», como lo hace la lingüística sincrónica, «sino entre términos sucesivos que se sustituyen unos a otros en el tiempo» (de aquí en adelante, y salvo indicación en contrario, las cursivas son siempre mías. HJC). Y eso porque «la inmovilidad absoluta no existe», porque «el río de la lengua fluye sin interrupción».

        Esta «evolución ininterrumpida suele quedarnos velada por la atención que concedemos a la lengua literaria» por sobre la «lengua natural» (p. 257). Más adelante (Cuarta parte, cap. II, §2), Saussure definirá a la «lengua literaria» como «toda especie de lengua culta, oficial o no, al servicio de la comunidad entera«. La «lengua literaria» es una lengua estándar, el resultado de la homogeneización de las variaciones de lengua. En este sentido, la lengua literaria es una lengua relativamente estabilizada y por eso tiene a encubrir las variaciones diacrónicas propias de la lengua natural.

        «La fonética, y la fonética entera, es el primer objeto de la lingüística diacrónica» y «Para hacer la historia de los sonidos de una palabra, se puede ignorar su sentido, no considerar más que su envoltura material, y cortar fracciones fónicas sin preguntar si tienen significación» (p. 258). Esto nos permite concluir que la lingüística diacrónica se ocupa primariamente de las transformaciones en el orden de los significantes, con independencia de su significación.

        CAPÍTULO II: «Los cambios fonéticos»

        «Ya hemos visto [capítulo I] que el cambio fonético no afecta a las palabras, sino a los sonidos. Lo que se transforma es un fonema: suceso aislado, como todos los sucesos diacrónicos, pero que tiene por consecuencia el alterar de manera idéntica todas las palabras donde figure el fonema en cuestión; y en este sentido los cambios fonéticos son absolutamente regulares» (p. 263). Esta regularidad en los cambios fonéticos será explicada por Saussure en el capítulo IV, cuando haga referencia a la «analogía».

        Hay dos tipos de cambios fonéticos: espontáneos y combinatorios. Los fenómenos fonéticos son espontáneos cuando «se producen por una causa interna» (p. 264), esto es, cuando la variación fonética no obedece al contexto. De esto podemos deducir que el cambio fonético espontáneo no obedece al eje sintagmático. Por lo contrario, el cambio combinatorio «resulta de la presencia de otro o de otros fonemas» (p. 264). Por ejemplo, cuando determinada consonante «cae» por encontrarse entre vocales, o «el paso del latín ct, pt al italiano tt […] es un hecho combinatorio, puesto que el primer elemento ha sido asimilado (diríamos, «sintagmáticamente») al segundo» (p. 265). En este sentido, tal vez sea posible asimilar los cambios espontáneos con la «analogía» -sobre todo referido al eje asociativo, es decir, no por su contexto sintagmático-, mientras que los cambios fonéticos combinatorios apunten hacia la «aglutinación» -que se corresponde netamente con el eje sintagmático- (cf. caps. V y VII).

        En el §4 Saussure propone y descarta las posibles causas de las variaciones fonéticas que se han expuesto hasta ese momento, a saber: 1) la raza; 2) el suelo y el clima; 3) la ley del menor esfuerzo; 4) la educación fonética en la infancia; 5) «el estado general de la nación», es decir, la estabilidad o inestabilidad política como explicación de la correspondiente estabilidad o inestabilidad lingüística; 6) «el sustrato lingüístico anterior», esto es, la absorción de una lengua por otra; 7) los «cambios de la moda». Todas estas explicaciones adolecen del mismo problema: no son necesarias ni suficientes para explicar las variaciones fonéticas. Muchas veces estos motivos se dan sin que haya variaciones fonéticas y viceversa: muchas veces tienen lugar variaciones fonéticas sin que tengan lugar estos motivos; por lo que no sirven para dar una explicación científica de dichas variaciones. «¿Por qué ha conseguido el fenómeno penetrar esta vez y no otras? Esta observación se aplica por lo demás a todas las causas precedentes (se refiere a las causas 1-5. HJC), caso de admitir su acción; la influencia del clima, la predisposición de la raza, la tendencia al menor esfuerzo existen de un modo permanente o durable: ¿por qué, pues, actúan de una manera intermitente, tan pronto en un punto y tan pronto en otro del sistema fonológico? Un suceso histórico debe tener una causa determinante; no se nos dice con todo esto qué es lo que en cada caso viene a desencadenar un cambio cuya causa general existía mucho tiempo atrás. Éste es el punto más difícil de aclarar» (pp. 271-272).

        Los cambios fonéticos sin ilimitados, es decir que «no se puede ver dónde se detendrán. Es pueril creer que la palabra no se puede transformar más que hasta cierto punto, como si tuviera en sí alguna cosa que la pudiera preservar». Esto nos da una pauta de que la lengua no tiene una estructura de variación de tipo teleológico. Las transformaciones de la lengua son ilimitadas y no tienden, por tanto, hacia ninguna totalidad en la que estaría plenamente realizada.

        CAPÍTULO III: «Consecuencias gramaticales de la evolución fonética»

        «Una de las primeras consecuencias del fenómeno fonético es el romper el vínculo gramatical que une dos o más términos. Por ejemplo, ya no se siente una palabra como derivada de otra» (p. 277). La variación fonética rompe las relaciones asociativas y analógicas, introduciendo nuevas. Irregulariza la lengua, produciendo simultáneamente nuevas regularidades y, por lo tanto, alterando el valor del sistema. Otras de las consecuencias del fenómeno fonético consiste en que algunas de las palabras dejan de ser analizables por aglutinación de sus componentes (§2).

        Asimismo, Saussure sostiene que el fenómeno fonético no produce «dobletes fónicos«: «[…] un mismo elemento no puede estar sometido simultáneamente y en un mismo lugar a dos transformaciones diferentes; eso sería contrario a la definición misma del cambio fonético. Por sí misma, la evolución de los sonidos no tiene la virtud de crear dos formas en lugar de una» (p. 281).

        Sin embargo, muchas veces las irregularidades se dan «regularmente». Distintas familias de palabras varían de manera análoga produciendo un fenómeno al que Saussure denomina «alternancia» (§4): «se puede, pues, definir la alternancia como una correspondencia entre dos sonidos o grupos de sonidos determinados, que se permutan regularmente entre dos series de formas existentes» (pp. 283-284) (en este caso la cursiva es de Saussure).

        CAPÍTULO IV: «Analogía»

        Frente a la alternancia, «la analogía se ejerce en favor de la regularidad y tiende a unificar los procedimientos de formación y de flexión» (p. 290). En este sentido, podríamos decir que si la alternancia es una regularización de la irregularidad, la analogía consiste en la «imitación de un modelo»; tendencia que pareciera regir al interior de la estructura de la lengua. Esto quiere decir que los cambios fonéticos no se dan aisladamente, sino que arrastran consigo a los ejes asociativos y sintagmáticos, produciendo una variación en el sistema completo de la lengua y en el valor del resto de los elementos. No hay, por lo tanto, cambios aislados en la lengua, sino que un cambio en la lengua conlleva una variación en la totalidad. «La analogía nos enseña, pues, una vez más a separar la lengua del habla […] ; nos muestra la segunda como dependiente de la primera y nos hace tocar con el dedo el mecanismo lingüístico […]. Toda creación debe estar precedida de una comparación inconsciente de los materiales depositados en el tesoro de la lengua, donde las formas generatrices están reguladas según relaciones sintagmáticas y asociativas. Así, una parte entera del fenómeno se cumple antes de que se vea aparecer la forma nueva. La actividad continua del lenguaje, que descompone en unidades que le son dadas, contiene en sí no solamente todas las posibilidades de un hablar conforme al uso, sino también todas las de las formaciones analógicas. Es, pues, un error creer que el proceso generador sólo se produce en el momento en que surge la creación:los elementos ya estaban dados. Una palabra que yo improvise, como in-decor-able, ya existe en potencia en la lengua; todos sus elementos se encuentran en sintagmas como decor-ar, decor-ación, : perdon-able, manej-able : in-contable, in-sensato, etc., y su realización en el habla es un hecho insignificante en comparación con la posibilidad de formarlo» (pp. 295-296).

        Esto quiere decir que el habla está en potencia en la lengua y eso incluye también a sus creaciones y «novedades». En este sentido, bien podríamos decir que el habla no hace sino repetir la lengua y que, sin embargo, hay algo en esta última que sólo puede ser repetido transformando el sistema entero de la lengua: ¿una cierta «potencia de no»?