Escrito en 1952 pero publicado hacia 1959 en Unterwegs zur Sprache, Die Sprache im Gedicht es uno de los textos más enigmáticos e intraducibles de Martin Heidegger. El mismo consiste en la elaboración de un cierto tipo de análisis sumergido en un diálogo entre la obra del poeta Georg Trakl y la historia del pensamiento. En lo que aquí respecta, el recorte de nuestro trabajo intenta ubicar esos lugares donde convergen en el decurso del texto, lenguaje y metafísica. Con lo dicho, nos circunscribimos a presentar dos puntos: la cuestión del lugar -Ort- de la poesía de Trakl, llamado “retraimiento” –Die Abgeschiedenheit-, y la relación entre el Espíritu –Geistlich- y el alma –Seele-.
Antes de comenzar, consideramos fundamental esclarecer a qué nos referimos cuando decimos que Heidegger aborda su lectura de Trakl desde un particular análisis. Sostenemos que, si bien el propio Heidegger no dice aquí que utilizará un “método de análisis” para dirigirse hacia la Poesía de Trakl, creemos viable hilar una lectura de por sí provisoria, precaria y esquemática, que indique que sí es factible pensar en un método (μέθοδος), y que las nociones fundamentales de tal ejercicio son Erörterung y Erläuterung. Así, nos abocaremos a buscar en ambos términos la posibilidad de interpretarlos como una guía de lectura. Uno de nuestros principales objetivos es entender de ambas nociones que no sólo ocultan filosofía, sino también poesía y, que en sus etimologías hay sentidos que abren hacia una poética del porvenir en la obra de Trakl.
Comenzamos entonces con eso que Heidegger llama una Erörterung del lugar –Ort– que reúne la poesía –Gedicht– de Trakl. En alemán corriente, Erörterung significa “debate”, “discusión”. Heidegger rescata el Ort de ese Er-ört-erung, sosteniendo que el significado de la palabra es el de indicar o señalar un lugar -recordemos que Ort en español significa justamente eso: lugar, paraje. Por tanto, la tarea del texto consiste en ubicar ese lugar que reúne la poesía de Trakl. Sin agotar su significado, y casi como buscando otra lengua en su lengua, Heidegger añade que en hochdeutsch, Ort significa “la punta de la lanza”. Este es el lugar hacia el cual todo su ensamblaje converge. Por esto, la palabra Ort tiene un doble carácter: tanto de reunión, de juntura, como también de hendidura y desgarramiento.
Ahora bien, ¿cómo hacer una Erörterung de la poesía de Georg Trakl? Para responder a esto, es menester presentar esa relación de particular singularidad que el poeta tiene con respecto de su poesía –Gedicht. Esta, la poesía del poeta, es de por sí única. Es eso a partir de lo cual se mide la talla del poeta. Su grandeza, dice Heidegger, reside en cuánto éste se ciña a esa poesía y se sostenga en ella. Por lo tanto, en cada poema particular, está esa poesía, como una presencia ausente que recorre cada palabra. Y, la operación mediante la cual Heidegger rastrea ese silencio, la llama Erläuterung. A su vez, en Er-läuter-ung, está la palabra läutet, que significa “sonido”. Otras acepciones son “claro” o “claridad”. En ese ejercicio de lectura y de escucha, encontramos el canto unísono de la multivocidad que resuena en la obra poética de Trakl. Esto significa que en cada poema singular y concreto habla ese Ungesprochen Gedicht. De esta manera, Erörterung y Erläuterung, se aúnan en una copertenencia de doble elucidación que transita todo el texto, buscando el lugar de la juntura poética y el resonar del claro en los poemas de Georg Trakl.
A nuestro entender, del análisis de Heidegger se desprenden dos líneas de lectura que encontramos íntimamente entrelazadas: una, el despliegue de una narrativa oculta en los poemas, como si cada uno dijese fragmentos de un éxodo o de nóstos, y, por el otro, un diálogo con respecto del sentido, la estética y la poética trakleana en relación a la historia de la filosofía. En ambos movimientos, aparece, por un lado, la andanza de las figuras poéticas de la obra de Trakl, y, por el otro, la posibilidad de un diálogo entre la poesía y el pensamiento en relación a la historia de la metafísica. Su relación radica en que, para que la andanza marche, es necesario esclarecer el sentido de esa andanza, en sus paisajes, sus silencios, sus colores.
En lo que respecta a ese diálogo con la historia de la filosofía, es interesante notar que es a partir de allí de donde Heidegger rastrea el pensar en lo poético. Marcando distancia con respecto de ciertas lecturas que ubican a Trakl dentro del platonismo, del cristianismo o del romanticismo, se abre el sentido desde el cual Heidegger lee a Trakl. Indicaremos algunas partes del texto donde esto tiene lugar. El primero acontece en relación con el platonismo. Está al comienzo de la Parte I del texto en el siguiente pasaje de Früling der Seele: “Es ist die Seele ein Fremdes auf Erden ”. En su análisis, Heidegger pregunta por el sentido de la palabra “alma” –Seele-. En esa alma de Früling der Seele, no hay indicación alguna de que esté encarcelada en un cuerpo, que esta deba abandonar su peregrinación terrestre y dirigirse a un ámbito suprasensible o incluso al cielo de la Teología Cristiana. Heidegger repite ese gesto etimológico para abrir el significado de “extraño”, en alemán, Fremdes, que proviene del alemán antiguo Fram: “dirigiste a…”, “estar de camino hacia…”. El alma, desarraigada de suelo pero no de anhelo, está de camino a la tierra: la busca.
De Fruling der Seele a Sebastian im Traum, Heidegger muestra que el alma es llamada a su ocaso –Unterwegs. Alma, ahora onírica, aparecida en ese Traum, enunciada bajo el nombre propio de Sebastían, es llamada por el tordo a su declinio. Esta tiene un cierto carácter augural, como un presagio que anuncia el tordo, que llama al alma a su ocaso. Pero este ocaso no es comprendido únicamente como declinio o decaimiento. Heidegger señala en Früling der Seele que Trakl escribió: “Geistlich dämmert/ Bläue über dem verhauenen Wald” para aclarar que el Untergang es ese mismo Dämmerung. Esto no significa únicamente declinio, sino también alza. En español lo llamamos crepúsculo, albor; una cierta claridad de la luz que se manifiesta tanto al amanecer como al anochecer. Y no sólo el día y la noche tienen su crepúsculo, sino también el año. Repetimos con Trakl desde Sommersneige: “Der grüne Sommer ist so leise/ Geworden und es läutet der Schritt/ Des Fremdlings durch die silberne Nacht./ Gedächte ein blaues Wild seines Pfads,/ Des Wohllauts seiner geistlichen Jahre!”. Aquí vemos otro ejemplo de separación con el platonismo: las nociones de recuerdo y de olvido. Desde la figura del animal salvaje, ese animal al cual se le entumece el rostro al mirar el azul del crepúsculo en el río, cuyo rostro encuentra su juntura en la contemplación del azul oscuro del estanque estrellado, –die blaue Wild, die tier, die blaue tier-, el animal al que la poética trakleana dice salvaje y dice azul se lo invoca a recordar lo olvidado; por tanto, a pensarlo, a meditarlo. Eso olvidado dista de ser las Eidos platónicas que vuelven a la filosofía desde el otro lado del Letheo. Por su parte, el animal invocado es llamado a pensar la melodía de un tiempo que ha olvidado, que desde la lectura de Heidegger podemos entender como el sonido del Espíritu que retorna de ese pasado en el que la relación entre el animal y el Espíritu era otra.
Otra cuestión fundamental es que el animal y el alma son figuras poéticas que aluden a la misma andanza, pero encuentran diferencias a lo largo del texto. De tales cuestiones no podemos elaborar aquí una mayor elucidación, pero aún así es importante señalarlo. Por lo pronto, el alma, parece entonces, no sólo encaminarse hacia el crepúsculo de los días y de las noches, sino también del año. El declinio del año, esa quietud –leise-, aclara Heidegger, significa “deslizamiento” – glissando; como el otoño que se desliza en verano. El alma, esa extrañeza cuyos pasos resuenan en la noche plateada, se desliza en el decurso del crepúsculo signado por el Espíritu; que siempre está separado, pero también portado.
En resumidas cuentas, no alcanzan los conceptos de la metafísica platónica para dilucidar lo que aquí Trakl llamó Alma. Lo que es ciertamente interesante de marcar también, es que la figura poética en la que Heidegger reúne al alma, al extraño, al animal salvaje, al otro, es la que Trakl aúna en “die Abgeschiedene”. Esta palabra goza de una polimatía excelsa. Algunas de sus acepciones son: solitario, retirado, aislado. Es fácilmente observable que la poesía de Trakl está transitada por estos personajes oníricos, fallecidos o ausentes, que están unidos en la separación, encaminados a esa retracción del albor espiritual. Estas figuras, que albergan en sí mismas la naturaleza de lo extraño, se dirigen al crepúsculo espiritual. Así, se deslizan en el albor hacia la tarde. Son ellas mismas, en el comienzo de su ocaso, los retraídos. Heidegger nos recuerda que los poetas dicen que lo iluminado aparece distinto a la luz de la tarde. En esa tarde inician su andanza; como el alma, que a través de los ojos y los oídos de Heidegger, nos conduce hacia el lugar –Ort– desde el cual se dona la poesía –Gedicht– de Georg Trakl: die Abgeschiedenheit.
Heidegger, aclara al final de la Parte II del texto, que ya es demasiado nombrar el lugar, indicarlo. Sus expresiones muestran una prudencia y cautela que llaman la atención. Si al lugar de la poesía de Trakl, Die Abgeschiedenheit (expresión que toma de la propia obra del poeta), a menester de cuidado, es porque analizarlo, ya da que pensar. Su tarea final, es ubicarlo en la obra poética, cosa que Heidegger mismo hace en lo que son más de cuarenta poemas. En lo que aquí nos concierne, queremos resaltar algunas cuestiones del significado del lugar.
La traducción por la que opta Zimmermann, es “Retraimiento”. Si bien es efectivamente una traducción interesante, la palabra puede también ser entendida como aislamiento, retracción, separación, reclusión. Precisando un poco más: el lugar –Ort– que reúne la poesía de Trakl, tiene, además de su carácter de reunión, de disgregamiento. Habría espacios en la poética de Trakl, donde se mostraría de una cierta manera muy particular, el sentido de sus palabras, desde esos espacios de hendidura, de herida. Esto parecería estar dicho entre el Schieden del Abgeschiedenheit , que significa separación o ruptura, y el lugar -Ort- que reúne la obra poética de Trakl. El lugar de reunión es ese mismo lugar donde está también lo disgregado.
Los movimientos de unión y separación pueden entenderse en paralelo con la estructura misma del Espíritu. Ahora bien, lo que el Espíritu significa, Heidegger lo dice con claridad: llama, fuego. Y agrega: lo que arde, lo que está en llamas, está fuera de sí mismo; así, tiene dos posibilidades: iluminar y dejar brillar o consumir todo hasta sus cenizas. Esta doble naturaleza del Espíritu contiene en sí la ternura y lo corrosivo. La lectura de Heidegger presenta una especie de carácter heraclíteo, y no únicamente por lo llamativo del logos como fuego, sino porque los opuestos están en una íntima correlación de ser; unión y separación, incendio e iluminación, etc. Lo llamativo aquí es que el lugar de reunión sea la separación, donde las figuras del retraimiento formen una especie de comunidad en torno al paisaje del albor del Espíritu. Como vimos, hacia allí dirigen su anzanza todas sus figuras: el alma -azul, grande-, el animal, la bestia azul, el demente, el hermano, la hermana, Etc. Todo allí está en retracción hacia el crepúsculo espiritual. Por tanto, la poesía de Trakl se reúne en el retraimiento, dice en el retraimiento hacia el Espíritu, cuyo decurso ilumina. Este, al igual que el crepúsculo, es espiritual porque está signado por el Espíritu.
En suma, es fundamental aclarar que el espíritu y lo espiritual, no tienen una significación platónico-cristiana. Esto por dos motivos. El primero, porque lo espiritual, en el sentido del platonismo y del cristianismo se opone a la noción de materia o de lo sensible. Y el segundo, porque la palabra Geistig hace referencia a lo clerical; y, como dice Heidegger, Trakl evita en ciertos momentos decisivos usar palabras que remiten al cristianismo. En lo que respecta al primer motivo, Espíritu y Materia no son nociones excluyentes con respecto la una de la otra. El Espíritu y la materia no se comprenden desde la metafísica platónica. La naturaleza del mal no es la de lo material o lo sensible, el mal espiritual pero tampoco meramente espiritual; es el corroer despavorido del Espíritu, desplazado hacia lo disgregado de lo herido, de lo no-curado –unheilen.
Todo en cuanto al alma respecta, no podrá jamás ser vislumbrado sin esclarecer su relación con el Espíritu. Del Espíritu, Heidegger hace varias aclaraciones. Espiritual significa aquello que es en el sentido del Espíritu, aquello que se deriva de él y sigue su esencia. La esencia del Espíritu se basa en el inflamar; este, inflamando, hace don de alma. Ambos están en una relación de copertenencia: el Espíritu da alma y el alma resguarda a su vez el Espíritu. El Espíritu resguardado y cuidado por alma es poetizado por Trakl como un “fulgor de la melancolía”, esa es la ternura –Sanft– del alma. Ese fulgor que el alma cuida, porta, y resguarda, le da al alma su talla, la enaltece: el alma, así, es “alma grande”. Trakl ve una cierta grandeza en el alma que resguarda el Espíritu, que cuida el amparo de su llama. En el don de alma acontece un movimiento de protección y de cuidado. El Espíritu hace don de alma y a su vez se deja en el alma, de tal manera que ésta lo porte; portar el espíritu significa albergar en la ternura su inflamación. Así contiene lo que en el texto aparece como dolor. Un dolor no entendido desde la aisthesis, sino como la propia condición de lo viviente; todo lo que vive es doloroso. Conforme a lo dicho, es ese temple acontecido en el cuidado del dolor, que ilumina el alma y le muestra su andanza es la melancolía.
Lo que queda por trabajar de este texto, es meritorio de una detenida precaución. Por lo pronto, damos con este pequeño y esquemático texto, que esperamos brinde alguna pequeña orientación para abordar la lectura de Die Sprache im Gedicht.