Exposición 3.2. “PRIMERA PARTE- Principios generales; Cap. I y II” 3/9.

F. de Saussure, Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2015, pp. 139-159. A cargo de Elías Chain Alfaro                                                  

PRIMERA PARTE- Principios generales

Capítulo I: Naturaleza del signo lingüístico

§1. Signo, significado, significante 

 El parágrafo comienza con una crítica a lo que “ciertas personas” piensan de la lengua, a estas se les atribuye creer que “La lengua reducida a su principio esencial es una nomenclatura, esto es, una lista de términos que corresponde a otras tantas cosas” [Pg. 141] lo cual hace suponer ideas preexistentes a las palabras. Posteriormente plantea que, basado en el decir de estas personas no podemos saber si el nombre designa una realidad de naturaleza vocal o psíquica.  Por último, plantea la dificultad, que no supone este saber vulgar, del vínculo de nombre y cosa. Frente a esta opinión Saussure propone su teoría semiológica.: “Se puede pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Nosotros la llamaremos semiología. Ella nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. […] La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general”

            El signo lingüístico es una entidad psíquica de dos caras: Significado y significante. El signo lingüístico no une una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Aclararemos cada uno de ellos:

-Significante/imagen acústica: En palabras de Barthes, el significante compone el “plano de la expresión”[1] La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos.” [Pg. 142] Es el termino hablado como imagen interior del decir.

Significado/concepto: Compone el “plano del contenido”[2]  Los conceptos, para Saussure, son “Hechos de conciencia” [Pg.60] de carácter más abstracto que la imagen acústica. “El significado no es una cosa, sino una representación psíquica de la cosa”[3]. Es ese “algo” que quien emplea el signo entiende por tal.

§2. Primer principio: lo arbitrario del signo

Este primer principio plantea que la primera característica del signo lingüístico es que es arbitrario, ya que la relación interna entre una imagen acústica y un concepto, y por tanto entre significante y significado, es arbitraria, ausente de una relación natural. El significante no depende de la libre elección del hablante, sino que es arbitrario en tanto inmotivado, es decir arbitrario con respecto al significado.  El carácter arbitrario sedimenta en el hábito colectivo y en la convención, a modo de regla, los signos arbitrarios nos muestran el ideal del procedimiento semiológico, el funcionamiento de la lengua como particular institución.

§3. Segundo principio: carácter lineal del significante

Este segundo principio enuncia que el significante al ser de naturaleza auditiva en tanto imagen acústica plasmada en la psique, se desenvuelve con los caracteres del “tiempo” que para la concepción Saussure tiene dos características: “a) Representa una extensión, y b) esa extensión es mensurable en una sola dimensión; es una línea” [Pg. 147] Las palabras tienen un funcionamiento mecánico, se escuchan y se dicen consecutivamente y en cadena.

Capítulo II: Inmutabilidad y mutabilidad del signo 

§1. Inmutabilidad

El signo es inmutable “Si con relación a la idea que representa, aparece el significante como elegido libremente, en cambio en relación a la comunidad lingüística que lo emplea, no es libre, es impuesto” [Pg.149] La inmutabilidad del signo es entonces la obligada elección de asociatividad entre significado y significante. La lengua es “la carta forzada” [Pg.49] No existe soberanía individual sobre la palabra. En la lengua la acción libre de la sociedad no funciona a la manera de un simple contrato, sino a la a manera de un pacto social irrenunciable del que no conocemos su fundación. La “carta forzada”, el documento está perdido. La lengua funciona entonces como una particular institución social, tomando del “balanceo entre tradición impuesta y la acción libre de la sociedad “(pg. 151) tan solo lo primero.  El carácter histórico de la lengua y su transmisión domina su inmutabilidad. Además, para mostrar está inmutabilidad se dan cuatro razones especificas:

1) El carácter arbitrario del signo.  “La lengua es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede crearla ni modificarla no existe más que en virtud de una especie de contrato” [Pg. 64] El carácter arbitrario más allá voluntad unilateral, nos presenta al signo inmotivado y por tanto necesario de ser preservado tal cual es. La lengua, sistema de signos arbitrario funciona con un cierto carácter contractual inscrito en una larga temporalidad, la lengua es herencia naturalizada, producto de un conjunto relaciones históricas que se develan necesarias, debido precisamente a su ausencia de agenciamiento, funcionado a manera de infraestructura cultural.

2) La multitud de signos necesarios para constituir cualquier lengua. Son innumerables y por tanto es inabarcable su cambio por otro sistema. 

3)  El carácter demasiado complejo del sistema. La lengua es un sistema complejo lo cual impide la transformación de la masa, ya que no se lo puede comprender más que por reflexión, el mero uso cotidiano no significa conocerlo. Solo podrían cambiarlo un conjunto de especialistas como gramáticos, lógicos, etc. pero ni siquiera este tipo de doctos han tenido éxito en tal propósito.

4) La resistencia de la inercia colectiva a toda innovación lingüística.  La lengua es usada por todos constantemente. Tiene por por tanto el carácter infraestructura, subordina para sí toda otra institución, ya que cualquier otra institución ya sea religiosa, política, etc., utiliza a los miembros de la lengua solo particionadamente. La lengua tiene un carácter totalizante de miembros y de tiempo, cualquier miembro de una institución es ante todo miembro de la lengua. “La lengua es de todas las instituciones sociales la que menos presa ofrece a las iniciativas. La lengua forma cuerpo con la vida de la masa social, y la masa, siendo naturalmente inerte, aparece ante todo como un factor de conservación” [pg.153] Además la lengua como institución está determinada históricamente como herencia naturalizada, el signo arbitrario “no conoce otra ley que la tradición.” [pg. 153]

§2. Mutabilidad

El tiempo altera los signos lingüísticos generando un desplazamiento de la relación entre significado y significante, en esta alteración la persistencia de lo viejo prima al cambio total, “Por eso el principio de alteración se funda en el principio de continuidad” [Pg. 154] La institución de la lengua no puede defenderse del desplazamiento, carácter corrosivo de la arbitrariedad del signo. Otras instituciones como las leyes, las costumbres, la moda están fundadas en una relación natural de cosas, hay acomodación entre medios y fines, por su parte la lengua “pura institución” [Pg.156] o institución pura es de carácter infraestructural y sin un fundamento que la ate, pues su principio es de carácter arbitrario. “Situada a la vez en la masa social y en el tiempo, nadie puede cambiar nada en ella; y, por otra parte, lo arbitrario de sus signos implica teóricamente libertad de establecer cualquier posible relación entre la materia fónica y las ideas.”[156] Los signos lingüísticos con su tensión intrínseca actúan en cada institución, ellas agencian corrosivamente la evolución de la lengua, subvirtiendo sus partes. “Esta evolución es fatal; no hay un solo ejemplo de la lengua que la resista. Al cabo de cierto tiempo siempre se pueden observar desplazamientos sensibles.” [Pg.156] El ejemplo más violento es el esperanto lengua artificial, planeada en su concepción, abstraídas de la historia, en el momento de salir al mundo pierde el agenciamiento del creador “su gobierno se le escapará” [Pg.156] y se someterá a la ley fatal de la mutabilidad. La continuidad unida a la alteración en el tiempo del signo lingüístico es una ley de la semiología. El desplazamiento de las relaciones entre significado y significante es participe de la relación universal de devenir temporal.

    Este parágrafo finaliza con una recapitulación de los principios de la Introducción.

1º Distinguimos del fenómeno total del lenguaje lengua y habla. “La lengua es el conjunto de los hábitos lingüísticos que permiten al sujeto comprender y hacerse comprender” [Pg. 157] Elemento dual mínimo. (LENGUA.)

2º La lengua es además una realidad social, perteneciente a una masa hablante, en tanto fenómeno semiológico es un hecho social. En base a esto la lengua es viable. (LENGUA Y MASA HABLANTE.)

3º La lengua es además un hecho histórico, es viviente. En tanto el signo lingüístico tiene un carácter arbitrario, pareciera depender de un principio individual y racional, pero no es solo su carácter social lo que se opone a ver la lengua como una pura convención, sino el hecho de que es la acción del tiempo que combinada con la fuerza social hace de la realidad lingüística algo completo. (LENGUA Y MASA HABLANTE + TIEMPO.)

          Estos tres componentes del fenómeno de la lengua la hacen una institución pura, el tiempo permite a la fuerza social la transformación de la lengua lo que la hace continua en la historia, y es esa continuidad implica alteración, cierto desplazamiento de las relaciones del fenómeno lingüístico que la mantienen como un sistema continuo.


[1] Barthes, R. “Elementos de Semiología” En: La semiología, Trad. Delpy, S., Ed. Tiempo contemporáneo, Bs.As., 1972, P. 40

[2] Ibidem. Pg. 32

[3] Ibidem. Pg. 34

                                                                                                                                                        

Exposición 3.1 «Apéndice. Principios de fonología». 20/08. Tomás Stöck.

F. de Saussure, “Apéndice. Principios de fonología” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2007, pp. 99-137. A cargo de Tomás Stöck.

Capítulo 1. Las especies fonológicas.

Muchos fonólogos privilegian el estudio del acto de fonación. Saussure considera que este enfoque no es correcto y que no se debería dejar de lado el lado acústico. Si pudiéramos proyectar como en un cine la película de cada movimiento que realizan la boca y la faringe, ello no nos bastaría para distinguir divisiones en una cadena de sonidos cualquiera. El punto de partida correcto para el estudio de la fonología es la cadena acústica. A partir de encarar el estudio de esta forma, un alfabeto como el griego antiguo merece una mención especial ya que en él “cada sonido siempre está representado por un solo signo gráfico, y recíprocamente cada signo corresponde a un sonido simple, siempre el mismo” (p. 102).

Para identificar y distinguir sonidos en la cadena hablada no hay otra base razonable que la impresión acústica, pero para realizar una descripción es necesario atender al acto articulatorio, “entonces se advierte que a cada sonido homogéneo corresponde el mismo acto identificable” (p. 103). Saussure adelanta entonces una definición de fonema: “El fonema es la suma de las impresiones acústicas y de los movimientos articulatorios de la unidad oída y de la unidad hablada, que se condicionan recíprocamente. El fonema es una unidad compleja, tiene un pie en cada cadena.” (p. 103-104).

Saussure da cuenta de las posibles combinaciones en el funcionamiento del aparato vocal (compuesto, fundamentalmente, por cavidad bocal, cavidad nasal y laringe) y advierte que “no hay otra alternativa en la emisión normal de los sonidos” (p. 106). Tal es así que para identificar cabalmente un fonema y distinguirlo de otros es preciso determinar el acto fonatorio correspondiente. En función de las partes del aparato vocal, de los movimientos y combinaciones posibles, Saussure diseña una tabla esquemática de posibles sonidos. Como él lo denomina, se trata de “un simple esquema de clasificación racional” (p. 110). Este esquema deja de lado excepciones, salvedades o rarezas.

Capítulo 2. Los fonemas en la cadena hablada.

La fonología, tal como la entiende Saussure, no trabaja con meros sonidos aislados. Es importante considerar lo que sucede a partir del encuentro de dos o más elementos, “pues hay un límite para las variaciones de uno según las variaciones del otro” (p. 118). Estudiar sonidos aislados nos puede llevar a engaño con respecto a las posibilidades de pronunciación de determinados sonidos: “la libertad de ligar especies fonológicas está limitada por la posibilidad de ligar los movimientos articulatorios” (p. 119). Saussure propone fundar una fonología según la cual los grupos de fonemas sean considerados “como ecuaciones algebraicas” (p. 119) en las cuales intervienen tanto elementos mecánicos como acústicos que se condicionan recíprocamente. Es esta “mecánica regulada” (p. 119) la que, según el autor, se destaca como la característica universal en el fenómeno de la fonación. De ahí su importancia que pueda adquirir para la ciencia lingüística general.

En su análisis de la sílaba Saussure deja en claro que realizará un abordaje esquemático que apunta únicamente a “fundar una base racional” (p. 121) para un eventual estudio completo del tema. Al analizar distintos tipos de sonidos abrientes o cerrantes Saussure realiza nuevamente algunas menciones sobre la escritura. Da cuenta de que no es raro que la grafía refleje, por ejemplo, la diferencia entre una u abriente y una u cerrante. Sobre estas distinciones gráficas, afirma que su intención es no suprimirlas sino conservarlas cuidadosamente. Asímismo, destaca que, frente a la abstracción que implican análisis fonológicos alternativos, con su propuesta “aparecen elementos concretos […] que ocupan un lugar y representan un tiempo en la cadena hablada” (p. 122). Las unidades abstractas y aisladas de la fonología tradicional no son más que “una cosa sin existencia propia y sin posible utilización” (p. 123). De lo que se trata es de reunir “los verdaderos elementos del habla” (p. 123). Además, advierte Saussure que “en el acto fonatorio que vayamos a analizar, no tenemos en cuenta más que los elementos diferenciales, destacados para el oído y capaces de servir al deslindamiento de las unidades acústicas en la cadena hablada. Sólo esas unidades acústico-motrices deben considerarse” (p. 124).

Mediante el análisis de la sílaba Saussure logra dar con lo que considera ser la unidad irreductible: el sonido abriente o cerrante. Al combinar esas unidades se ha llegado a definir, además, el límite de sílaba y el punto vocálico. Eso le posibilita dar cuenta de bajo qué condiciones fisiológicas deben producirse tales efectos acústicos.