Exposición 6.2 Cuarta parte – Capítulos I – IV

Capítulo I – De la diversidad de las lenguas.

Saussure comenzará a abordar aquí la relación del fenómeno lingüístico con el espacio. Esto supone pasar del estudio interno de la lingüística a una perspectiva externa (distinción que corresponde al capítulo V de la Introducción)

En el estudio de la lingüística lo primero que salta a la vista es la multiplicidad de divergencias espaciales. Éstas son fácilmente reconocibles al comparar un idioma con otro. “El término idioma designa muy justamente la lengua en cuanto refleja los rasgos propios de una comunidad”. Distingue dos tipos de diversidad en la lengua: la diversidad en el parentesco y la diferencia absoluta. La observación científica de las lenguas permite afirmar que dos o más idiomas tienen un origen común y forman una familia. Llama dialectos a “los idiomas que no divergen más que en un grado muy débil”. Debe notarse, en consecuencia, que la diferencia entre dialecto e idioma no es esencial sino sólo cuantitativa.

Capítulo II – Complicaciones de la diversidad geográfica.

§1. Coexistencia de varias lenguas en un mismo punto.

Se va a concentrar en la coexistencia, en un mismo punto geográfico, de dos idiomas que no se confunden entre sí. Distingue dos casos: 1) El caso de que una lengua de una nueva población se superponga con la de la población indígena. Éste es el caso de la presencia del holandés e inglés en las colonias africanas y del español en México.

§2. Lengua literaria e idioma local.

2) Un segundo caso de coexistencia de dos idiomas se produce por la influencia de una lengua literaria. Saussure define la lengua literaria como “toda especie de lengua culta, oficial o no, al servicio de la comunidad entera”. La lengua, por sí misma, tiende al fraccionamiento en dialectos pero “como la civilización, al desarrollarse, multiplica las comunicaciones, se elige, por una especie de convención tácita, uno de los dialectos existentes para hacerlo vehículo de todo cuanto interesa a la nación en su conjunto”.

Capítulo III – Causas de la diversidad geográfica.

§1. El tiempo, causa esencial.

Partiendo de la diversidad en el parentesco entre dos idiomas, esta diferencia puede ser reducida a la unidad. ¿Qué crea las diferencias entre los idiomas? No es el espacio porque por sí mismo no puede ejercer acción alguna sobre la lengua. En cambio, depende de la dimensión temporal. “La diversidad geográfica tiene que traducirse en diversidad temporal”. La diversidad geográfica es, entonces, un aspecto secundario del fenómeno general del cambio temporal.

§2. Acción del tiempo en un territorio continuo.

¿Cómo se origina la diversidad de formas dialectales? Este fenómeno presenta dos características principales: 1) La evolución toma la forma de innovaciones sucesivas y precisas que constituyen hechos parciales; 2) Cada una de esas innovaciones ocurre dentro de su propia área determinada. La existencia de distintas áreas explica la diversidad dialectal. Estas áreas no pueden ser previstas de antemano sino que sólo se las puede registrar a posteriori.

§3. Los dialectos no tienen límites naturales.

Se suele imaginar los dialectos como cubriendo sectores perfectamente delimitados pero ésta es una idea antigua que debe ser sustituida por otra: no hay dialectos naturales sino caracteres dialectales naturales. Estos caracteres abarcan un área que puede divergen, superponerse o coincidir con las zonas que abarcan otros caracteres. Tomando una imagen de J. Schmidt, Saussure denomina ondas de innovación a las fronteras entre estas áreas.

§4. Las lenguas no tienen límites naturales.

¿Cuál es la diferencia entre un dialecto y una lengua? En las condiciones planteadas, no se puede establecer fronteras entre lenguas y ni entre dialectos. Dado que el espacio es indiferente hay que considerar que “así como los dialectos no son más que subdivisiones arbitrarias de la superficie total de la lengua, así el límite que se cree separa dos lenguas sólo puede ser convencional”.

Capítulo IV – Propagación de las ondas lingüísticas.

§1. La fuerza del intercambio y el espíritu de campanario.

Saussure identifica dos fuerzas que regulan los movimientos lingüísticos: 1) El espíritu de campanario por el cual una comunidad lingüística mantiene sus propias tradiciones de forma aislada. 2) La fuerza del intercambio que lleva a los hombres a comunicarse entre sí. Es un principio unificador, contrario a la acción disolvente del espíritu de campanario. A ella se le debe la extensión y cohesión de una lengua.

§2. Las dos fuerzas reducías a un principio único.

Cuando se trata de una superficie muy amplia es difícil distinguir a cuál de las dos fuerzas corresponde un hecho lingüístico. En estos casos, las dos fuerzas actúan simultáneamente aunque en proporciones diversas. Sin embargo, “en el estudio de las evoluciones lingüísticas producidas en una superficie, se puede hacer abstracción de la fuerza particularista, o lo que es lo mismo, considerarla como el aspecto negativo de la fuerza unificadora”. El espíritu de campanario de resultaría más que la fuerza del intercambio propia de cada región que lucha por imponerse.

§3. La diferenciación lingüística en territorios separados.

¿Cuáles son los efectos del aislamiento lingüístico? ¿Produce efectos distintos que la continuidad? Saussure reconoce que no parece haber diferencia en los efectos producidos por el aislamiento geográfico. Pero al considerar dos idiomas parientes en el aspecto positivo de su solidaridad, se ve que el aislamiento rompe toda conexión desde el momento de la separación. La conclusión es que para apreciar los grados de parentesco entre lenguas hay que hacer una distinción rigurosa entre la continuidad y el aislamiento.

EXPOSICIÓN 6.1: CAPITULOS V a VIII – APÉNDICES A LAS PARTES TERCERA Y CUARTA

Por Elena López                  

RECAPITULACION

Brevemente quisiéramos recordar que cuando Saussure define la analogía en el capítulo IV la presenta limitando la actividad del factor fonético, factor que es considerado como un “trastorno de la lengua” en la medida en que la oscurece y complica multiplicando irregularidades y arbitrariedades absolutas.

La actividad analógica, en contrario, parte de un modelo y sus imitaciones regulares, su acción lleva implícita una “regla” determinada. La analogía no es un cambio, es una “creación”, donde se reemplaza una forma arcaica por una nueva.

CAPITULO V

Analogía y evolución

§ 1. Cómo entra en la lengua una innovación analógica

“Nada entra en la lengua sin haber sido ensayado en el habla; todos los fenómenos evolutivos tienen su raíz en la esfera del individuo” (p.301), no obstante es claro que la lengua sólo retiene algunas de las creaciones del habla como parte de su desarrollo en el tiempo.

La analogía por sí misma no es un factor de evolución de la lengua, sin embargo el mecanismo de sustitución que ella en su creación genera, donde cae una forma arcaica para instalarse una nueva, hace que ocupe un lugar en la teoría de la evolución lingüística.

§ 2. Las innovaciones analógicas, síntomas de cambios e interpretación: cambios fonéticos, aglutinaciónes

La lengua descompone e interpreta unidades, estas interpretaciones están sujetas a cambios por factores fonéticos por un lado pero también por lo que el Saussure llamará “aglutinación”.

Los cambios sean de cualquier factor son revelados por la aparición de formas analógicas que tienen como efecto reemplazar antiguas formas irregulares o caducas por otras “más normales” compuestas por elementos vivos.

§ 3. La analogía, principio de renovación y conservación

Estas nuevas combinaciones rescatan siempre “materia vieja” para las innovaciones, en este sentido la analogía es conservadora y lo es tanto en la innovación cuanto en la pura conservación de formas que permanecen idénticas a sí mismas. Son formas que se mantienen porque sin cesar se las rehace analógicamente.

La conservación de una forma puede deberse a dos causas opuestas: aislamiento completo o enmarcamiento en un sistema de vecindades que venga en su ayuda permanentemente y permita que quede intacto en sus partes esenciales (cnfr. ej.”agunt” p.307).

CAPITULO VI

La etimología popular

La etimología popular produce cambios que no son completamente azarosos como pareciera, sino que “son tentativas de explicar una palabra dificultosa relacionándola con alguna cosa conocida”. (Hemos debatido si su trasfondo es ideológico)

Tipos de etimología popular:

  1. La palabra recibe una interpretación nueva sin que cambie su forma, por ej:

Antiguo francés: soufraite “privación”, dio el adjetivo souffreteux que se asocia con souffir con el que nada tiene en común (p.310)

  • 2. Se deforma la palabra por acomodación a los elementos que se cree reconocer en ella.

En Aleman: Dromedarius ha resultado Trampeltier compuesto nuevo que encierra palabras que ya existían: trampeln y Tier “animal que patea”(p.310)  

La analogía y la etimología popular tienen en común que utilizan elementos significativos de la lengua pero la primera supone el olvido de la forma arcaica por el contrario la segunda se reduce a una nueva interpretación de la forma antigua.

CAPITULO VII

La aglutinación

§ 1. Definición

La aglutinación consiste en que dos o más términos originariamente distintos pero que se encuentran juntos frecuentemente en un sintagma (…) se sueldan en una unidad absoluta. La aglutinación es un proceso “no-voluntario”. Ej: ce ci : ceci / tous jours : toujours

§ 2. Aglutinación y analogía

Diferencias:

  1. En la aglutinación dos o más unidades se convierten en una síntesis, la analogía en cambio parte de unidades inferiores para ir a unidades superiores
  2. La aglutinación opera en la esfera sintagmática, la analogía opera tanto en las series asociativas como en las sintagmáticas
  3. La aglutinación no es voluntaria ni activa, es un proceso mecánico; la analogía es un procedimiento de análisis y combinaciones intencionales
  4. La aglutinación siempre precede y suministra modelos a la analogía  
  5. La aglutinación en conjunto con la analogía crea tipos sintácticos y trabaja para la gramática, en cambio sin su intervención produce síntesis indescomponibles e improductivas, es decir trabaja para el léxico.

CAPITULO VIII

Unidades, identidades y realidades diacrónicas

Dice Saussure “(…) la alteración del signo es un desplazamiento de relación entre el significante y el significado” (p.321) El fenómeno diacrónico en su totalidad no es otra cosa.

Hasta ahora se han mostrado ejemplos que correspondían a los cambios en la formación de palabras, pero también existen alteraciones provenientes de la sintaxis:

Ejemplo: óreos baíno káta

  1. Griego primitivo:

            Óreos baíno : significa “vengo del monte” (teniendo el genitivo valor de ablativo)

           Káta: añade el matiz “descendiendo”

  • posteriormente:  katá óreos baíno (dónde katá ya tiene función de preposición)
  • katá-baíno óreos por aglutinación del verbo y de la partícula hecha preverbio

Aparecen las siguientes transformaciones:

  1. Creación de nueva especie de palabras, las preposiciones
  2. Aparición de un tipo verbal nuevo (katá-baíno)
  3. Debilitamiento del sentido de la desinencia del genitivo óre-os, finalmente la desinencia (-os) reemplazada en su función por katá, desaparecerá

En este ejemplo vemos que los sonidos subsisten (no se trata de cambios con raíz fonética) pero las unidades significativas ya no son las mismas. Hubo un desplazamiento de las unidades sincrónicas.

A partir de todas las transformaciones descriptas podemos entender las dificultades para hablar en el orden diacrónico tanto de unidad cuanto de identidad.

La unidad diacrónica (absolutamente diferente a la unidad del orden sincrónico) plantea el problema de saber cuál es el elemento sometido a la acción transformadora.

Así también para poder decir que una unidad ha persistido idéntica a sí misma es necesario saber en qué me fundo para afirmar que un elemento tomado de una época se corresponde con otro elemento de otra época.

Afirmar que calidum ha devenido chaud por leyes fonéticas, aun cuando esta genealogía parece confirmar identidad a través del tiempo, dirá Saussure es imposible. El sonido por sí solo no puede dar cuenta de la identidad, ésta deberá respaldarse para él en hechos gramaticales que “permit(a)n reconocer en esas dos formas distintas una sola y única unidad de lengua” (p.323).

APÉNDICES

A las partes tercera y cuarta

  1. Análisis subjetivo y análisis objetivo

El análisis subjetivo está fundado en los hechos de la lengua, en las unidades y subunidades que en ella pueden distinguirse “en todo momento”. El análisis objetivo o histórico se apoya en dicho análisis subjetivo y es su deriva diacrónica.

  • Análisis subjetivo y la determinación de subunidades (raíces, prefijos, sufijos y desinencias)     

Para analizar, establecer un método y efectuar definiciones dirá Saussure debemos situarnos en el plano sincrónico. El análisis subjetivo determina las particiones de la palabra en: desinencia, radical y raíz.  

La palabra es definida diferencialmente a partir del concepto de raíz. La raíz, por sus características de generalidad y abstracción, porta en sí la idea relativamente determinada de cada palabra.

  • La etimología

Etimología no es una disciplina ni una parte de la lingüística evolutiva, es una aplicación de principios relativos a los hechos sincrónicos y diacrónicos. “Remonta el pasado de las palabras para dar con algo que las explica” (p.333)

Como la lingüística estática y evolutiva, la etimología describe los hechos pero su descripción no es metódica, toma sus elementos de la fonética, la morfología, la semántica, sin dar cuenta de la naturaleza de las operaciones que realiza para llegar a sus resultados.

Es explicativa en la medida que remite a otras palabras, reduciendo a términos conocidos lo que intenta explicar, recordemos que “explicar” en el contexto de la lengua es remitir una palabra a otra, dado que en linguística no hay relaciones necesarias entre sonido y sentido que pudieran dar cuenta de los cambios etimológicos, justamente por la arbitrariedad que el signo porta.  

Exposición 5.3: Tercera parte. Lingüística diacrónica, caps. I-IV.1

CAPÍTULO I: «Generalidades»

«La lingüística diacrónica estudia no ya las relaciones entre términos coexistentes de un estado de lengua», como lo hace la lingüística sincrónica, «sino entre términos sucesivos que se sustituyen unos a otros en el tiempo» (de aquí en adelante, y salvo indicación en contrario, las cursivas son siempre mías. HJC). Y eso porque «la inmovilidad absoluta no existe», porque «el río de la lengua fluye sin interrupción».

Esta «evolución ininterrumpida suele quedarnos velada por la atención que concedemos a la lengua literaria» por sobre la «lengua natural» (p. 257). Más adelante (Cuarta parte, cap. II, §2), Saussure definirá a la «lengua literaria» como «toda especie de lengua culta, oficial o no, al servicio de la comunidad entera«. La «lengua literaria» es una lengua estándar, el resultado de la homogeneización de las variaciones de lengua. En este sentido, la lengua literaria es una lengua relativamente estabilizada y por eso tiene a encubrir las variaciones diacrónicas propias de la lengua natural.

«La fonética, y la fonética entera, es el primer objeto de la lingüística diacrónica» y «Para hacer la historia de los sonidos de una palabra, se puede ignorar su sentido, no considerar más que su envoltura material, y cortar fracciones fónicas sin preguntar si tienen significación» (p. 258). Esto nos permite concluir que la lingüística diacrónica se ocupa primariamente de las transformaciones en el orden de los significantes, con independencia de su significación.

CAPÍTULO II: «Los cambios fonéticos»

«Ya hemos visto [capítulo I] que el cambio fonético no afecta a las palabras, sino a los sonidos. Lo que se transforma es un fonema: suceso aislado, como todos los sucesos diacrónicos, pero que tiene por consecuencia el alterar de manera idéntica todas las palabras donde figure el fonema en cuestión; y en este sentido los cambios fonéticos son absolutamente regulares» (p. 263). Esta regularidad en los cambios fonéticos será explicada por Saussure en el capítulo IV, cuando haga referencia a la «analogía».

Hay dos tipos de cambios fonéticos: espontáneos y combinatorios. Los fenómenos fonéticos son espontáneos cuando «se producen por una causa interna» (p. 264), esto es, cuando la variación fonética no obedece al contexto. De esto podemos deducir que el cambio fonético espontáneo no obedece al eje sintagmático. Por lo contrario, el cambio combinatorio «resulta de la presencia de otro o de otros fonemas» (p. 264). Por ejemplo, cuando determinada consonante «cae» por encontrarse entre vocales, o «el paso del latín ct, pt al italiano tt […] es un hecho combinatorio, puesto que el primer elemento ha sido asimilado (diríamos, «sintagmáticamente») al segundo» (p. 265). En este sentido, tal vez sea posible asimilar los cambios espontáneos con la «analogía» -sobre todo referido al eje asociativo, es decir, no por su contexto sintagmático-, mientras que los cambios fonéticos combinatorios apunten hacia la «aglutinación» -que se corresponde netamente con el eje sintagmático- (cf. caps. V y VII).

En el §4 Saussure propone y descarta las posibles causas de las variaciones fonéticas que se han expuesto hasta ese momento, a saber: 1) la raza; 2) el suelo y el clima; 3) la ley del menor esfuerzo; 4) la educación fonética en la infancia; 5) «el estado general de la nación», es decir, la estabilidad o inestabilidad política como explicación de la correspondiente estabilidad o inestabilidad lingüística; 6) «el sustrato lingüístico anterior», esto es, la absorción de una lengua por otra; 7) los «cambios de la moda». Todas estas explicaciones adolecen del mismo problema: no son necesarias ni suficientes para explicar las variaciones fonéticas. Muchas veces estos motivos se dan sin que haya variaciones fonéticas y viceversa: muchas veces tienen lugar variaciones fonéticas sin que tengan lugar estos motivos; por lo que no sirven para dar una explicación científica de dichas variaciones. «¿Por qué ha conseguido el fenómeno penetrar esta vez y no otras? Esta observación se aplica por lo demás a todas las causas precedentes (se refiere a las causas 1-5. HJC), caso de admitir su acción; la influencia del clima, la predisposición de la raza, la tendencia al menor esfuerzo existen de un modo permanente o durable: ¿por qué, pues, actúan de una manera intermitente, tan pronto en un punto y tan pronto en otro del sistema fonológico? Un suceso histórico debe tener una causa determinante; no se nos dice con todo esto qué es lo que en cada caso viene a desencadenar un cambio cuya causa general existía mucho tiempo atrás. Éste es el punto más difícil de aclarar» (pp. 271-272).

Los cambios fonéticos sin ilimitados, es decir que «no se puede ver dónde se detendrán. Es pueril creer que la palabra no se puede transformar más que hasta cierto punto, como si tuviera en sí alguna cosa que la pudiera preservar». Esto nos da una pauta de que la lengua no tiene una estructura de variación de tipo teleológico. Las transformaciones de la lengua son ilimitadas y no tienden, por tanto, hacia ninguna totalidad en la que estaría plenamente realizada.

CAPÍTULO III: «Consecuencias gramaticales de la evolución fonética»

«Una de las primeras consecuencias del fenómeno fonético es el romper el vínculo gramatical que une dos o más términos. Por ejemplo, ya no se siente una palabra como derivada de otra» (p. 277). La variación fonética rompe las relaciones asociativas y analógicas, introduciendo nuevas. Irregulariza la lengua, produciendo simultáneamente nuevas regularidades y, por lo tanto, alterando el valor del sistema. Otras de las consecuencias del fenómeno fonético consiste en que algunas de las palabras dejan de ser analizables por aglutinación de sus componentes (§2).

Asimismo, Saussure sostiene que el fenómeno fonético no produce «dobletes fónicos«: «[…] un mismo elemento no puede estar sometido simultáneamente y en un mismo lugar a dos transformaciones diferentes; eso sería contrario a la definición misma del cambio fonético. Por sí misma, la evolución de los sonidos no tiene la virtud de crear dos formas en lugar de una» (p. 281).

Sin embargo, muchas veces las irregularidades se dan «regularmente». Distintas familias de palabras varían de manera análoga produciendo un fenómeno al que Saussure denomina «alternancia» (§4): «se puede, pues, definir la alternancia como una correspondencia entre dos sonidos o grupos de sonidos determinados, que se permutan regularmente entre dos series de formas existentes» (pp. 283-284) (en este caso la cursiva es de Saussure).

CAPÍTULO IV: «Analogía»

Frente a la alternancia, «la analogía se ejerce en favor de la regularidad y tiende a unificar los procedimientos de formación y de flexión» (p. 290). En este sentido, podríamos decir que si la alternancia es una regularización de la irregularidad, la analogía consiste en la «imitación de un modelo»; tendencia que pareciera regir al interior de la estructura de la lengua. Esto quiere decir que los cambios fonéticos no se dan aisladamente, sino que arrastran consigo a los ejes asociativos y sintagmáticos, produciendo una variación en el sistema completo de la lengua y en el valor del resto de los elementos. No hay, por lo tanto, cambios aislados en la lengua, sino que un cambio en la lengua conlleva una variación en la totalidad. «La analogía nos enseña, pues, una vez más a separar la lengua del habla […] ; nos muestra la segunda como dependiente de la primera y nos hace tocar con el dedo el mecanismo lingüístico […]. Toda creación debe estar precedida de una comparación inconsciente de los materiales depositados en el tesoro de la lengua, donde las formas generatrices están reguladas según relaciones sintagmáticas y asociativas. Así, una parte entera del fenómeno se cumple antes de que se vea aparecer la forma nueva. La actividad continua del lenguaje, que descompone en unidades que le son dadas, contiene en sí no solamente todas las posibilidades de un hablar conforme al uso, sino también todas las de las formaciones analógicas. Es, pues, un error creer que el proceso generador sólo se produce en el momento en que surge la creación:los elementos ya estaban dados. Una palabra que yo improvise, como in-decor-able, ya existe en potencia en la lengua; todos sus elementos se encuentran en sintagmas como decor-ar, decor-ación, : perdon-able, manej-able : in-contable, in-sensato, etc., y su realización en el habla es un hecho insignificante en comparación con la posibilidad de formarlo» (pp. 295-296).

Esto quiere decir que el habla está en potencia en la lengua y eso incluye también a sus creaciones y «novedades». En este sentido, bien podríamos decir que el habla no hace sino repetir la lengua y que, sin embargo, hay algo en esta última que sólo puede ser repetido transformando el sistema entero de la lengua: ¿una cierta «potencia de no»?