Exposición 5.3: Tercera parte. Lingüística diacrónica, caps. I-IV.1

CAPÍTULO I: «Generalidades»

«La lingüística diacrónica estudia no ya las relaciones entre términos coexistentes de un estado de lengua», como lo hace la lingüística sincrónica, «sino entre términos sucesivos que se sustituyen unos a otros en el tiempo» (de aquí en adelante, y salvo indicación en contrario, las cursivas son siempre mías. HJC). Y eso porque «la inmovilidad absoluta no existe», porque «el río de la lengua fluye sin interrupción».

Esta «evolución ininterrumpida suele quedarnos velada por la atención que concedemos a la lengua literaria» por sobre la «lengua natural» (p. 257). Más adelante (Cuarta parte, cap. II, §2), Saussure definirá a la «lengua literaria» como «toda especie de lengua culta, oficial o no, al servicio de la comunidad entera«. La «lengua literaria» es una lengua estándar, el resultado de la homogeneización de las variaciones de lengua. En este sentido, la lengua literaria es una lengua relativamente estabilizada y por eso tiene a encubrir las variaciones diacrónicas propias de la lengua natural.

«La fonética, y la fonética entera, es el primer objeto de la lingüística diacrónica» y «Para hacer la historia de los sonidos de una palabra, se puede ignorar su sentido, no considerar más que su envoltura material, y cortar fracciones fónicas sin preguntar si tienen significación» (p. 258). Esto nos permite concluir que la lingüística diacrónica se ocupa primariamente de las transformaciones en el orden de los significantes, con independencia de su significación.

CAPÍTULO II: «Los cambios fonéticos»

«Ya hemos visto [capítulo I] que el cambio fonético no afecta a las palabras, sino a los sonidos. Lo que se transforma es un fonema: suceso aislado, como todos los sucesos diacrónicos, pero que tiene por consecuencia el alterar de manera idéntica todas las palabras donde figure el fonema en cuestión; y en este sentido los cambios fonéticos son absolutamente regulares» (p. 263). Esta regularidad en los cambios fonéticos será explicada por Saussure en el capítulo IV, cuando haga referencia a la «analogía».

Hay dos tipos de cambios fonéticos: espontáneos y combinatorios. Los fenómenos fonéticos son espontáneos cuando «se producen por una causa interna» (p. 264), esto es, cuando la variación fonética no obedece al contexto. De esto podemos deducir que el cambio fonético espontáneo no obedece al eje sintagmático. Por lo contrario, el cambio combinatorio «resulta de la presencia de otro o de otros fonemas» (p. 264). Por ejemplo, cuando determinada consonante «cae» por encontrarse entre vocales, o «el paso del latín ct, pt al italiano tt […] es un hecho combinatorio, puesto que el primer elemento ha sido asimilado (diríamos, «sintagmáticamente») al segundo» (p. 265). En este sentido, tal vez sea posible asimilar los cambios espontáneos con la «analogía» -sobre todo referido al eje asociativo, es decir, no por su contexto sintagmático-, mientras que los cambios fonéticos combinatorios apunten hacia la «aglutinación» -que se corresponde netamente con el eje sintagmático- (cf. caps. V y VII).

En el §4 Saussure propone y descarta las posibles causas de las variaciones fonéticas que se han expuesto hasta ese momento, a saber: 1) la raza; 2) el suelo y el clima; 3) la ley del menor esfuerzo; 4) la educación fonética en la infancia; 5) «el estado general de la nación», es decir, la estabilidad o inestabilidad política como explicación de la correspondiente estabilidad o inestabilidad lingüística; 6) «el sustrato lingüístico anterior», esto es, la absorción de una lengua por otra; 7) los «cambios de la moda». Todas estas explicaciones adolecen del mismo problema: no son necesarias ni suficientes para explicar las variaciones fonéticas. Muchas veces estos motivos se dan sin que haya variaciones fonéticas y viceversa: muchas veces tienen lugar variaciones fonéticas sin que tengan lugar estos motivos; por lo que no sirven para dar una explicación científica de dichas variaciones. «¿Por qué ha conseguido el fenómeno penetrar esta vez y no otras? Esta observación se aplica por lo demás a todas las causas precedentes (se refiere a las causas 1-5. HJC), caso de admitir su acción; la influencia del clima, la predisposición de la raza, la tendencia al menor esfuerzo existen de un modo permanente o durable: ¿por qué, pues, actúan de una manera intermitente, tan pronto en un punto y tan pronto en otro del sistema fonológico? Un suceso histórico debe tener una causa determinante; no se nos dice con todo esto qué es lo que en cada caso viene a desencadenar un cambio cuya causa general existía mucho tiempo atrás. Éste es el punto más difícil de aclarar» (pp. 271-272).

Los cambios fonéticos sin ilimitados, es decir que «no se puede ver dónde se detendrán. Es pueril creer que la palabra no se puede transformar más que hasta cierto punto, como si tuviera en sí alguna cosa que la pudiera preservar». Esto nos da una pauta de que la lengua no tiene una estructura de variación de tipo teleológico. Las transformaciones de la lengua son ilimitadas y no tienden, por tanto, hacia ninguna totalidad en la que estaría plenamente realizada.

CAPÍTULO III: «Consecuencias gramaticales de la evolución fonética»

«Una de las primeras consecuencias del fenómeno fonético es el romper el vínculo gramatical que une dos o más términos. Por ejemplo, ya no se siente una palabra como derivada de otra» (p. 277). La variación fonética rompe las relaciones asociativas y analógicas, introduciendo nuevas. Irregulariza la lengua, produciendo simultáneamente nuevas regularidades y, por lo tanto, alterando el valor del sistema. Otras de las consecuencias del fenómeno fonético consiste en que algunas de las palabras dejan de ser analizables por aglutinación de sus componentes (§2).

Asimismo, Saussure sostiene que el fenómeno fonético no produce «dobletes fónicos«: «[…] un mismo elemento no puede estar sometido simultáneamente y en un mismo lugar a dos transformaciones diferentes; eso sería contrario a la definición misma del cambio fonético. Por sí misma, la evolución de los sonidos no tiene la virtud de crear dos formas en lugar de una» (p. 281).

Sin embargo, muchas veces las irregularidades se dan «regularmente». Distintas familias de palabras varían de manera análoga produciendo un fenómeno al que Saussure denomina «alternancia» (§4): «se puede, pues, definir la alternancia como una correspondencia entre dos sonidos o grupos de sonidos determinados, que se permutan regularmente entre dos series de formas existentes» (pp. 283-284) (en este caso la cursiva es de Saussure).

CAPÍTULO IV: «Analogía»

Frente a la alternancia, «la analogía se ejerce en favor de la regularidad y tiende a unificar los procedimientos de formación y de flexión» (p. 290). En este sentido, podríamos decir que si la alternancia es una regularización de la irregularidad, la analogía consiste en la «imitación de un modelo»; tendencia que pareciera regir al interior de la estructura de la lengua. Esto quiere decir que los cambios fonéticos no se dan aisladamente, sino que arrastran consigo a los ejes asociativos y sintagmáticos, produciendo una variación en el sistema completo de la lengua y en el valor del resto de los elementos. No hay, por lo tanto, cambios aislados en la lengua, sino que un cambio en la lengua conlleva una variación en la totalidad. «La analogía nos enseña, pues, una vez más a separar la lengua del habla […] ; nos muestra la segunda como dependiente de la primera y nos hace tocar con el dedo el mecanismo lingüístico […]. Toda creación debe estar precedida de una comparación inconsciente de los materiales depositados en el tesoro de la lengua, donde las formas generatrices están reguladas según relaciones sintagmáticas y asociativas. Así, una parte entera del fenómeno se cumple antes de que se vea aparecer la forma nueva. La actividad continua del lenguaje, que descompone en unidades que le son dadas, contiene en sí no solamente todas las posibilidades de un hablar conforme al uso, sino también todas las de las formaciones analógicas. Es, pues, un error creer que el proceso generador sólo se produce en el momento en que surge la creación:los elementos ya estaban dados. Una palabra que yo improvise, como in-decor-able, ya existe en potencia en la lengua; todos sus elementos se encuentran en sintagmas como decor-ar, decor-ación, : perdon-able, manej-able : in-contable, in-sensato, etc., y su realización en el habla es un hecho insignificante en comparación con la posibilidad de formarlo» (pp. 295-296).

Esto quiere decir que el habla está en potencia en la lengua y eso incluye también a sus creaciones y «novedades». En este sentido, bien podríamos decir que el habla no hace sino repetir la lengua y que, sin embargo, hay algo en esta última que sólo puede ser repetido transformando el sistema entero de la lengua: ¿una cierta «potencia de no»?

Exposición 5.1: Segunda parte- caps. V-VIII

F. de Saussure, “Segunda parte: La lingüística sincrónica, caps. V-VIII” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2018, pp. 227-254.

-Capítulo V: hay dos tipos de relaciones entre términos y cada uno genera un cierto orden de valores. Estas relaciones pueden ser sintagmáticas o asociativas. La relación sintagmática se da en el discurso, in praesentia. Las palabras se relacionan de acuerdo al carácter lineal de la lengua, por lo que no se pueden pronunciar dos elementos a la vez. Así, el sintagma se compone de dos o más subunidades consecutivas, y un término adquiere valor por oposición a los demás. El sintagma puede ser una palabra (como “des-pegar”) o una oración completa. A la lengua también pertenecen todos los sintagmas construidos sobre formas regulares, por ejemplo, en castellano, los verbos nuevos o que surgen de anglicismos toman la forma de la primera conjugación (hackear, spoilear, etc). El sintagma tiene un orden de sucesión y un número determinado de elementos. Las relaciones asociativas se dan fuera del discurso, in absentia, y a partir de ellas se relacionan palabras con otras por algo que tienen en común. Esta asociación se da inconscientemente y los motivos van desde la semejanza de sentido a la comunidad de las imágenes acústicas. Los términos de una familia asociativa no se presentan en orden y su número es indefinido.

-Capítulo VI: las solidaridades sintagmáticas nos indican que casi todas las unidades de la lengua dependen o de lo que las rodea en la cadena hablada o de las partes sucesivas de las que ellas mismas se componen. La palabra “deseoso” se compone de “dese” y “oso”, unidades que por sí mismas no significan nada, pero sí al formar la unidad de un sintagma en cierto orden. Salvo excepciones (sí, no, gracias), no hablamos por signos aislados, sino por grupos de signos, y estos grupos de signos se vuelven signos a su vez. En la lengua todo se reduce a diferencias (un signo tiene valor en oposición a los demás) y agrupaciones (los signos no se presentan aislados).

El vínculo entre las relaciones asociativas y las sintagmáticas es de interdependencia, ya que los sintagmas se forman a partir de series asociativas. Por ejemplo, el sintagma “despolitizar” se forma por asociación con otros sintagmas con el prefijo “des” (deshacer, destapar, etc.) y con el verbo politizar (que, a su vez, sigue la forma regular de otros verbos formados en la primera conjugación). Y solo porque hay otras formas alrededor de “despolitizar”, es que se puede descomponer en subunidades, que se puede considerar como sintagma.

Al pronunciar un sintagma en el discurso, según Sassure pondríamos en juego los sintagmas que están guardados en la memoria a modo de reserva, y, por medio de los grupos asociativos, elegiríamos el sintagma que consideramos adecuado. De esta manera, seleccionamos un sintagma por su valor en relación a los otros sintagmas con los que es asociado. Además, al pronunciar un sintagma, todas las relaciones asociativas y sus agrupamientos permanecen latentes. Por tanto, el signo no tiene por sí mismo ninguna significación propia, sino que la adquiere de lo que permanece latente, oculto.

Respecto a la arbitrariedad del signo, solo algunos son inmotivados y el resto tiene cierto grado de motivación. De esta manera, “diecinueve” (signo motivado) se formaría de la conjunción de “diez” y “nueve” (inmotivados).

Las unidades tienen valor no solo a partir de las oposiciones, sino también de las solidaridades, tanto del orden sintagmático como asociativo, que corrigen parcialmente un sistema caótico.

-Capítulo VII: la lingüística estática se puede llamar gramática, y la gramática estudia la lengua como sistema de medios de expresión. Quien dice gramático dice sincrónico y significativo.

Tradicionalmente se divide entre morfología y sintaxis. La morfología se ocuparía de analizar las distintas categorías de palabras y las diversas formas de flexión. La sintaxis, en cambio, se ocuparía de las funciones que desempeñan las palabras. Pero esta división es ilusoria, ya que las formas y funciones de un signo son solidarias. Es decir, hay palabras con distintas formas porque cumplen funcionen distintas (por ej., se puede decir “yo juego”, pero no “yo juega”). La morfología, entonces, no tiene objeto real y autónomo, y no se puede pensar sin la sintaxis.

Las divisiones racionales, por lo tanto, son las ya establecidas por Sassure y que “se imponen por sí mismas” entre relaciones sintagmáticas y relaciones asociativas.

-Capítulo VIII: bajo un punto de vista sintáctico, asociar dos formas es sentir que ambas tienen algo en común y también distinguir la naturaleza de la relación que rige la asociación. Así, sabemos que la relación entre “enseñar” y “enseñanza” es distinta a “enseñanza y “templanza”. Sin embargo, las asociaciones no se basan solo en elementos materiales, sino que también en entidades abstractas. Así, podemos asociar “enseñanza” con “instrucción”. Son palabras que se asocian por el sentimiento de un valor común, aunque falte soporte material. Este sentimiento, que es una entidad abstracta, se apoya siempre en entidades concretas, que serían las palabras en tanto fonemas, en tanto pronunciadas.

Desde un punto de vista sintagmático, las partes de un sintagma siguen cierto orden de sucesión, por lo que no se puede decir “abledese”, sino “deseable”. Pero este orden de las subunidades, que es una entidad abstracta, solo existe por las unidades concretas que lo contienen. Es decir, las unidades materiales, alineadas en cierto orden, crean el valor del sintagma.

Exposición 4.2: Segunda Parte. La lingüística sincrónica: Cap. I-IV

F. de Saussure, “Segunda parte: La lingüística sincrónica, cap. I-IV” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2018, pp. 191-226

Cap. I (Generalidades): La lingüística sincrónica se ocupa de los factores constitutivos de todo estado de la lengua. Un estado de la lengua es una extensión de tiempo más o menos larga durante la cual los cambios registrados pueden ser considerados mínimos o despreciables. Por otro lado, también se debe delimitar un espacio. La lingüística estática implica necesariamente una simplificación convencional de datos.

Cap. II (Las entidades concretas de la lengua): (i) Entidades y unidades. Definiciones. Los signos de que se compone la lengua son objetos reales, ellos son las entidades concretas que estudia la lingüística. Pero la lengua no se presenta como un conjunto de signos deslindados de antemano, sino como una masa indistinta en la que la atención y el hábito son los únicos que nos pueden ayudar a encontrar estos elementos particulares. La unidad lingüística es “una porción de sonoridad que, con exclusión de lo que precede y de lo que sigue en la cadena hablada, es el significante de cierto concepto” (p. 199). (ii) Método de delimitación. Cada imagen acústica debe corresponder a un concepto. Este es un método que, en la teoría, parece muy sencillo. (iii) Dificultadas prácticas de la delimitación. El método establecido previamente funciona para las palabras, pero éstas no son las unidades concretas buscadas. Estas unidades tampoco se hallan en las oraciones, como pretende una teoría muy extendida. (iv) Conclusión. La lengua presenta la particularidad de no ofrecer unidades perceptibles a primera vista, sin que por ello se pueda dudar que existan.

Cap. III (Identidad, realidad, valores): Tanto la identidad como la realidad sincrónica no difieren esencialmente de los valores. Ej. del caballo de ajedrez (este no reviste ningún significado en su materialidad pura por fuera del tablero y del juego, mientras que, por otro lado, también puede ser reemplazado por cualquier otra cosa a la que se le atribuya el mismo valor que tiene un caballo dentro del juego del ajedrez). La lingüística debe determinar sus unidades concretas y este problema debe ser abordado desde la cuestión del valor, pues este es su aspecto primero.

Cap. IV (El valor lingüístico): (i) La lengua como pensamiento organizado en la materia fónica. La lengua es una intermediaria entre el pensamiento y el sonido. Al constituirse entre estas dos masas amorfas, la lengua elabora sus unidades. Ahora bien, la elección de tal porción acústica para tal idea es perfectamente arbitraria. De lo contrario, el valor perdería algo de su carácter, el ser relativo. Y, por otro lado, la arbitrariedad nos señala la necesidad de una colectividad para establecer valores cuya única razón de ser son el uso y el consenso generales. El individuo por sí solo no puede fijar valores.  (ii) El valor lingüístico considerado en su aspecto conceptual. No se debe confundir el valor con la significación, es decir, con la capacidad que tiene la palabra de representar una idea. Los valores están constituidos por una cosa desemejante susceptible de ser trocada y por cosas similares con las que se puede comparar. Como la palabra forma parte de un sistema, está revestida no sólo de significación, sino también de valor. Los valores son puramente diferenciales, no son definidos positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los otros términos del sistema, es decir, son aquello que los otros no son. A la interpretación real del esquema del sigo hay que añadirle la cuestión del valor. (iii) El valor lingüístico considerado en su aspecto material. Lo que importa en la palabra no es el sonido, sino las diferencias fónicas que permiten distinguir una de otra. Arbitrario y diferencial son dos cualidades correlativas. El signo lingüístico es incorpóreo, no está constituido por su sustancia material, sino por las diferencias que separan su imagen acústica de las demás. (iv) El signo considerado en su totalidad. En la lengua no hay más que diferencias. Aún más, en la lengua sólo hay diferencias sin términos positivos. Pero al considerar el signo en su totalidad, ya no se puede hablar de diferencias. Dos signos que comportan cada uno un significante y un significado no son diferentes, sino distintos. Mientras que el valor y la unidad son de naturaleza puramente diferencial. La lengua es una forma y no una sustancia. Todos nuestros errores terminológicos para referirnos a la lengua, provienen de suponer que existe una sustancia en el fenómeno lingüístico.  

EXPOSICIÓN 4.1: Ruggeri – Saussure (03-09-19)

Resumen del capítulo tres del Curso de lingüística general de Ferdinand Saussure

El capítulo tres del Curso de lingüística general, lleva por título La lingüística estática y la lingüística evolutiva. El mismo está compuesto por nueve parágrafos que analizan cómo, de qué manera, y con qué resultados el tiempo escinde la disciplina científica trabajada. A continuación haremos un resumen con los puntos esenciales de cada parágrafo. 

El primer parágrafo se titula dualidad interna de la lingüística. Tal dualidad es el efecto que provoca la introducción del tiempo en la lingüística, lo que da por resultado una escisión de a que resulta una lingüística evolutiva o diacrónica y una lingüista estática o sincrónica. Saussure indica que la única ciencia equiparable a los efectos que produce el tiempo en la lingüística se da entre la economía política y la historia económica. Ambas ciencias (economía y lingüística) se vinculan en compartir la noción de valor

En suma, en este parágrafo, se introduce el concepto de sistema como equivalencia entre dos órdenes. La complejidad del sistema reside en que no existe una plena equivalencia entre ambos órdenes, los cuales se corresponden con la lingüística evolutiva y la lingüística estática. A su vez, el sistema de valores está articulado con una noción de ejes cartesianos que indican en el eje “x” la sucesión del cambio de el fenómeno lingüístico y el eje “y” indica la simultaneidad de la relación de los fenómenos lingüísticos. 

El segundo parágrafo introduce una breve historia de la lingüística, comenzando por la la gramática “prelingüística”, cuyo mayor exponente fue Claude Lancelot, de la escuela de Port-Royal. Luego menciona la gramática tradicional, caracterizándose como normativa, sincrónica, y partidaria de la conjunción entre la oralidad y la escritura. Finalmente tenemos la lingüística moderna, dando como ejemplo a Franz Bopp, quien desarrolla la “gramática comparada”.  

El tercer parágrafo explica ejemplos de la dualidad interna de la lingüística. Mencionamos aquí la confluencia entre “decrépito” (remover el revoque) y “decrépitus” (gastado por la edad) que convergen en la expresión cotidiana “fachada decrépita de una casa”. En este parágrafo se indica que los hechos de transformación diacrónicos no cambian el sistema de la lengua puesto que “la lengua es un mecanismo”. A la vez, Saussure indica que las alteraciones en la lengua son sobre pequeños elementos y no sobre el sistema. La diferencia con la sincronía radica en que la lengua en tanto que sistema se configura desde sus partes en sincronía. 

El cuarto parágrafo diferencia los dos órdenes (diacronía y sincronía) con tres ejemplos: la proyección de un cuerpo en física clásica, el análisis botánico del corte transversal de un tronco vegetal y, finalmente, con un juego de ajedrez. Sobre esto no nos explayaremos puesto que podría escribirse una monografía con cada ejemplo. 

 

El quinto parágrafo lo ilustraremos con un cuadro comparativo: 

Métodos Sincronía Diacronía
Perspectiva Una perspectiva: sujetos hablantes. Trabajo de investigación: recoger su testimonio. Dos perspectivas: 

1. Perspectiva prospectiva (sigue el curso del tiempo)

2. Perspectiva retrospectiva.

Límite del campo de investigación Conjunto de hechos correspondientes a cada lengua Sucesión de hechos diacrónicos en una diversidad de idiomas. Vínculo histórico.
Fenómeno lingüístico Relación entre elementos simultáneos. Suceso: sustitución de un elemento por otro en un período de tiempo. 

Identidades lingüísticas

Ilustrada con un ejemplo en francés: pas (negación) = pas (paso) Ilustrado por comparación con el ejemplo sincronico. Lo único que se aclara es que “hay elementos distintos”. 

 

Nos introducimos al paragrafo seis. Aquí se menciona por primera vez el concepto de ley en la lingüística. No hay ley lingüística general, ¿por qué? porque al estar la lingüística escindida por el tiempo, las leyes se bifurcan. Esto da por resultado leyes sincrónicas y leyes diacrónicas. 

Leyes Sincrónicas  Leyes Diacrónicas
Ley de la generalidad Ley de la particularidad 
No imperativa  Imperativa (el carácter imperativo de la diacronía se vincula con que “los cambios se imponen”)
Ley de la Regularidad (expresión de un orden y acuerdo existente que consigna un estado de las cosas) Ley de la Accidentalidad (Esta ley es una anti-ley: las leyes no bastan para que sean aplicadas a hechos evolutivos porque los fenómenos diacrónicos son de carácter accidental)

Una noción que no se aborda como ley pero aún así resulta importante es la de transformación lingüística. Hay cuatro tipo de transformaciones lingüísticas: la semántica, la sintáctica, la morfológica y la fonética. 

Luego tenemos el parágrafo siete. Aquí se indaga sobre la posibilidad de un punto de vista pancrónico. La respuesta a tal interrogante es que el punto de vista pancrónico sólo es válido para principios generales, es decir, en la sincronía, y no para hechos concretos o particulares de la lengua.

El parágrafo ocho aborda las problemáticas que ocurren al confundir ambos órdenes de la lingüística. El resultado es doble: por un lado, es importante aclarar que los dos órdenes no son excluyentes, pero que no hay que confundirlos por su concordancia. 

Finalmente, el parágrafo nueve introduce dos importantes conclusiones. La primera: todo cuanto es diacrónico en la lengua lo es por el habla. Y la segunda: un hecho de evolución siempre está precedido de una multitud de hechos en la esfera del habla.

Para concluir el resumen, aclaramos que durante la reunión hubo una serie de discusiones sumamente importantes para la comprensión del texto, las cuales por espacio no podrán ser explayadas en este breve resumen. Aquí va una lista: 

El vínculo entre la economía y la lingüística: una posible aproximación entre la teoría del valor en Marx y Saussure. 

La lengua como Espíritu Absoluto (Tesis de Hernán)

Conflictos entre lo sincrónico y lo diacrónico

Saussure como fundador de la ciencia lingüística: hacer aparecer algo nunca antes visto (Segunda Tesis de Hernán)

La diferencia entre lengua, lenguaje e idioma 

La delimitación del tiempo en las investigaciones de la lingüística diacrónica

Implicaciones y límites a la hora de comprender la lengua como sistema

La Linguistica Estática y la Linguistica Evolutiva

Exposición 3.2. “PRIMERA PARTE- Principios generales; Cap. I y II” 3/9.

F. de Saussure, Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2015, pp. 139-159. A cargo de Elías Chain Alfaro                                                  

PRIMERA PARTE- Principios generales

Capítulo I: Naturaleza del signo lingüístico

§1. Signo, significado, significante 

 El parágrafo comienza con una crítica a lo que “ciertas personas” piensan de la lengua, a estas se les atribuye creer que “La lengua reducida a su principio esencial es una nomenclatura, esto es, una lista de términos que corresponde a otras tantas cosas” [Pg. 141] lo cual hace suponer ideas preexistentes a las palabras. Posteriormente plantea que, basado en el decir de estas personas no podemos saber si el nombre designa una realidad de naturaleza vocal o psíquica.  Por último, plantea la dificultad, que no supone este saber vulgar, del vínculo de nombre y cosa. Frente a esta opinión Saussure propone su teoría semiológica.: “Se puede pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Nosotros la llamaremos semiología. Ella nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. […] La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general”

            El signo lingüístico es una entidad psíquica de dos caras: Significado y significante. El signo lingüístico no une una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Aclararemos cada uno de ellos:

-Significante/imagen acústica: En palabras de Barthes, el significante compone el “plano de la expresión”[1] La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos.” [Pg. 142] Es el termino hablado como imagen interior del decir.

Significado/concepto: Compone el “plano del contenido”[2]  Los conceptos, para Saussure, son “Hechos de conciencia” [Pg.60] de carácter más abstracto que la imagen acústica. “El significado no es una cosa, sino una representación psíquica de la cosa”[3]. Es ese “algo” que quien emplea el signo entiende por tal.

§2. Primer principio: lo arbitrario del signo

Este primer principio plantea que la primera característica del signo lingüístico es que es arbitrario, ya que la relación interna entre una imagen acústica y un concepto, y por tanto entre significante y significado, es arbitraria, ausente de una relación natural. El significante no depende de la libre elección del hablante, sino que es arbitrario en tanto inmotivado, es decir arbitrario con respecto al significado.  El carácter arbitrario sedimenta en el hábito colectivo y en la convención, a modo de regla, los signos arbitrarios nos muestran el ideal del procedimiento semiológico, el funcionamiento de la lengua como particular institución.

§3. Segundo principio: carácter lineal del significante

Este segundo principio enuncia que el significante al ser de naturaleza auditiva en tanto imagen acústica plasmada en la psique, se desenvuelve con los caracteres del “tiempo” que para la concepción Saussure tiene dos características: “a) Representa una extensión, y b) esa extensión es mensurable en una sola dimensión; es una línea” [Pg. 147] Las palabras tienen un funcionamiento mecánico, se escuchan y se dicen consecutivamente y en cadena.

Capítulo II: Inmutabilidad y mutabilidad del signo 

§1. Inmutabilidad

El signo es inmutable “Si con relación a la idea que representa, aparece el significante como elegido libremente, en cambio en relación a la comunidad lingüística que lo emplea, no es libre, es impuesto” [Pg.149] La inmutabilidad del signo es entonces la obligada elección de asociatividad entre significado y significante. La lengua es “la carta forzada” [Pg.49] No existe soberanía individual sobre la palabra. En la lengua la acción libre de la sociedad no funciona a la manera de un simple contrato, sino a la a manera de un pacto social irrenunciable del que no conocemos su fundación. La “carta forzada”, el documento está perdido. La lengua funciona entonces como una particular institución social, tomando del “balanceo entre tradición impuesta y la acción libre de la sociedad “(pg. 151) tan solo lo primero.  El carácter histórico de la lengua y su transmisión domina su inmutabilidad. Además, para mostrar está inmutabilidad se dan cuatro razones especificas:

1) El carácter arbitrario del signo.  “La lengua es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede crearla ni modificarla no existe más que en virtud de una especie de contrato” [Pg. 64] El carácter arbitrario más allá voluntad unilateral, nos presenta al signo inmotivado y por tanto necesario de ser preservado tal cual es. La lengua, sistema de signos arbitrario funciona con un cierto carácter contractual inscrito en una larga temporalidad, la lengua es herencia naturalizada, producto de un conjunto relaciones históricas que se develan necesarias, debido precisamente a su ausencia de agenciamiento, funcionado a manera de infraestructura cultural.

2) La multitud de signos necesarios para constituir cualquier lengua. Son innumerables y por tanto es inabarcable su cambio por otro sistema. 

3)  El carácter demasiado complejo del sistema. La lengua es un sistema complejo lo cual impide la transformación de la masa, ya que no se lo puede comprender más que por reflexión, el mero uso cotidiano no significa conocerlo. Solo podrían cambiarlo un conjunto de especialistas como gramáticos, lógicos, etc. pero ni siquiera este tipo de doctos han tenido éxito en tal propósito.

4) La resistencia de la inercia colectiva a toda innovación lingüística.  La lengua es usada por todos constantemente. Tiene por por tanto el carácter infraestructura, subordina para sí toda otra institución, ya que cualquier otra institución ya sea religiosa, política, etc., utiliza a los miembros de la lengua solo particionadamente. La lengua tiene un carácter totalizante de miembros y de tiempo, cualquier miembro de una institución es ante todo miembro de la lengua. “La lengua es de todas las instituciones sociales la que menos presa ofrece a las iniciativas. La lengua forma cuerpo con la vida de la masa social, y la masa, siendo naturalmente inerte, aparece ante todo como un factor de conservación” [pg.153] Además la lengua como institución está determinada históricamente como herencia naturalizada, el signo arbitrario “no conoce otra ley que la tradición.” [pg. 153]

§2. Mutabilidad

El tiempo altera los signos lingüísticos generando un desplazamiento de la relación entre significado y significante, en esta alteración la persistencia de lo viejo prima al cambio total, “Por eso el principio de alteración se funda en el principio de continuidad” [Pg. 154] La institución de la lengua no puede defenderse del desplazamiento, carácter corrosivo de la arbitrariedad del signo. Otras instituciones como las leyes, las costumbres, la moda están fundadas en una relación natural de cosas, hay acomodación entre medios y fines, por su parte la lengua “pura institución” [Pg.156] o institución pura es de carácter infraestructural y sin un fundamento que la ate, pues su principio es de carácter arbitrario. “Situada a la vez en la masa social y en el tiempo, nadie puede cambiar nada en ella; y, por otra parte, lo arbitrario de sus signos implica teóricamente libertad de establecer cualquier posible relación entre la materia fónica y las ideas.”[156] Los signos lingüísticos con su tensión intrínseca actúan en cada institución, ellas agencian corrosivamente la evolución de la lengua, subvirtiendo sus partes. “Esta evolución es fatal; no hay un solo ejemplo de la lengua que la resista. Al cabo de cierto tiempo siempre se pueden observar desplazamientos sensibles.” [Pg.156] El ejemplo más violento es el esperanto lengua artificial, planeada en su concepción, abstraídas de la historia, en el momento de salir al mundo pierde el agenciamiento del creador “su gobierno se le escapará” [Pg.156] y se someterá a la ley fatal de la mutabilidad. La continuidad unida a la alteración en el tiempo del signo lingüístico es una ley de la semiología. El desplazamiento de las relaciones entre significado y significante es participe de la relación universal de devenir temporal.

    Este parágrafo finaliza con una recapitulación de los principios de la Introducción.

1º Distinguimos del fenómeno total del lenguaje lengua y habla. “La lengua es el conjunto de los hábitos lingüísticos que permiten al sujeto comprender y hacerse comprender” [Pg. 157] Elemento dual mínimo. (LENGUA.)

2º La lengua es además una realidad social, perteneciente a una masa hablante, en tanto fenómeno semiológico es un hecho social. En base a esto la lengua es viable. (LENGUA Y MASA HABLANTE.)

3º La lengua es además un hecho histórico, es viviente. En tanto el signo lingüístico tiene un carácter arbitrario, pareciera depender de un principio individual y racional, pero no es solo su carácter social lo que se opone a ver la lengua como una pura convención, sino el hecho de que es la acción del tiempo que combinada con la fuerza social hace de la realidad lingüística algo completo. (LENGUA Y MASA HABLANTE + TIEMPO.)

          Estos tres componentes del fenómeno de la lengua la hacen una institución pura, el tiempo permite a la fuerza social la transformación de la lengua lo que la hace continua en la historia, y es esa continuidad implica alteración, cierto desplazamiento de las relaciones del fenómeno lingüístico que la mantienen como un sistema continuo.


[1] Barthes, R. “Elementos de Semiología” En: La semiología, Trad. Delpy, S., Ed. Tiempo contemporáneo, Bs.As., 1972, P. 40

[2] Ibidem. Pg. 32

[3] Ibidem. Pg. 34

                                                                                                                                                        

Exposición 3.1 «Apéndice. Principios de fonología». 20/08. Tomás Stöck.

F. de Saussure, “Apéndice. Principios de fonología” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2007, pp. 99-137. A cargo de Tomás Stöck.

Capítulo 1. Las especies fonológicas.

Muchos fonólogos privilegian el estudio del acto de fonación. Saussure considera que este enfoque no es correcto y que no se debería dejar de lado el lado acústico. Si pudiéramos proyectar como en un cine la película de cada movimiento que realizan la boca y la faringe, ello no nos bastaría para distinguir divisiones en una cadena de sonidos cualquiera. El punto de partida correcto para el estudio de la fonología es la cadena acústica. A partir de encarar el estudio de esta forma, un alfabeto como el griego antiguo merece una mención especial ya que en él “cada sonido siempre está representado por un solo signo gráfico, y recíprocamente cada signo corresponde a un sonido simple, siempre el mismo” (p. 102).

Para identificar y distinguir sonidos en la cadena hablada no hay otra base razonable que la impresión acústica, pero para realizar una descripción es necesario atender al acto articulatorio, “entonces se advierte que a cada sonido homogéneo corresponde el mismo acto identificable” (p. 103). Saussure adelanta entonces una definición de fonema: “El fonema es la suma de las impresiones acústicas y de los movimientos articulatorios de la unidad oída y de la unidad hablada, que se condicionan recíprocamente. El fonema es una unidad compleja, tiene un pie en cada cadena.” (p. 103-104).

Saussure da cuenta de las posibles combinaciones en el funcionamiento del aparato vocal (compuesto, fundamentalmente, por cavidad bocal, cavidad nasal y laringe) y advierte que “no hay otra alternativa en la emisión normal de los sonidos” (p. 106). Tal es así que para identificar cabalmente un fonema y distinguirlo de otros es preciso determinar el acto fonatorio correspondiente. En función de las partes del aparato vocal, de los movimientos y combinaciones posibles, Saussure diseña una tabla esquemática de posibles sonidos. Como él lo denomina, se trata de “un simple esquema de clasificación racional” (p. 110). Este esquema deja de lado excepciones, salvedades o rarezas.

Capítulo 2. Los fonemas en la cadena hablada.

La fonología, tal como la entiende Saussure, no trabaja con meros sonidos aislados. Es importante considerar lo que sucede a partir del encuentro de dos o más elementos, “pues hay un límite para las variaciones de uno según las variaciones del otro” (p. 118). Estudiar sonidos aislados nos puede llevar a engaño con respecto a las posibilidades de pronunciación de determinados sonidos: “la libertad de ligar especies fonológicas está limitada por la posibilidad de ligar los movimientos articulatorios” (p. 119). Saussure propone fundar una fonología según la cual los grupos de fonemas sean considerados “como ecuaciones algebraicas” (p. 119) en las cuales intervienen tanto elementos mecánicos como acústicos que se condicionan recíprocamente. Es esta “mecánica regulada” (p. 119) la que, según el autor, se destaca como la característica universal en el fenómeno de la fonación. De ahí su importancia que pueda adquirir para la ciencia lingüística general.

En su análisis de la sílaba Saussure deja en claro que realizará un abordaje esquemático que apunta únicamente a “fundar una base racional” (p. 121) para un eventual estudio completo del tema. Al analizar distintos tipos de sonidos abrientes o cerrantes Saussure realiza nuevamente algunas menciones sobre la escritura. Da cuenta de que no es raro que la grafía refleje, por ejemplo, la diferencia entre una u abriente y una u cerrante. Sobre estas distinciones gráficas, afirma que su intención es no suprimirlas sino conservarlas cuidadosamente. Asímismo, destaca que, frente a la abstracción que implican análisis fonológicos alternativos, con su propuesta “aparecen elementos concretos […] que ocupan un lugar y representan un tiempo en la cadena hablada” (p. 122). Las unidades abstractas y aisladas de la fonología tradicional no son más que “una cosa sin existencia propia y sin posible utilización” (p. 123). De lo que se trata es de reunir “los verdaderos elementos del habla” (p. 123). Además, advierte Saussure que “en el acto fonatorio que vayamos a analizar, no tenemos en cuenta más que los elementos diferenciales, destacados para el oído y capaces de servir al deslindamiento de las unidades acústicas en la cadena hablada. Sólo esas unidades acústico-motrices deben considerarse” (p. 124).

Mediante el análisis de la sílaba Saussure logra dar con lo que considera ser la unidad irreductible: el sonido abriente o cerrante. Al combinar esas unidades se ha llegado a definir, además, el límite de sílaba y el punto vocálico. Eso le posibilita dar cuenta de bajo qué condiciones fisiológicas deben producirse tales efectos acústicos.

EXPOSICIÓN Shapochnik.

F. de Saussure, “Introducción, cap. I-III en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso. A cargo de Maia Shapochnik

Capítulo I

Saussure hace un repaso por la historia de la lengua y analiza las razones por las cuales esta no puede determinar un objeto de estudio propio.  Saussure Intenta todo el tiempo colocar a la lingüística en el camino de la ciencia.

CAPÍTULO II

La materia de la lingüística son todas las manifestaciones del lenguaje humano.

La lingüística debe llevar a cabo la descripción e historia de todas las lenguas, la búsqueda de fuerzas que intervengan de forma permanente e universal en todas las lenguas y debe poder establecer leyes generales a los que se puedan reducir los fenómenos particulares de la historia.

La lingüística tiene conexiones con otras ciencias, pero tiene que delimitarse ella como ciencia. 

Capitulo III

Todo este capítulo lo va a dedicar a distinguir el lenguaje de la lengua y la lengua del habla

La lengua es la parte social del lenguaje, exterior al individuo. Este no puede ni crearla ni modificarla por sí solo. Mientras que el lenguaje es multiforme y heteróclito, la lengua es la que hace la unidad del lenguaje. Se la localiza en donde la imagen acústica se asocia al concepto. Existe como parte de un contrato establecido entre los miembros de la comunidad. Se necesita de un aprendizaje para conocer su funcionamiento.

La legua es un objeto que se puede y se debe estudiar separadamente. En ese sentido se la distingue del habla. Mientras que la lengua es social y constituye la parte esencial del lenguaje, el habla es individual y es un elemento accesorio. La lengua es un producto que el individuo registra pasivamente.

La lengua es un objeto de naturaleza concreta. Los signos lingüísticos no son abstracciones por ser psíquicos. Son realidades que tienen su asiento en el cerebro. Los signos de la lengua son tangibles. La escritura puede captarlos.

La lengua está dentro de los hechos humanos, es un sistema de signos que expresan ideas.

La semiología es la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social. Ella nos enseñara en que consisten los signos y cuáles son las leyes que la gobiernan. Esta ciencia todavía no existe, pero tiene derecho a su existencia. Las leyes que la semiología descubra serán aplicadas a la lingüística.

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EXPOSICIÓN 2.2: Di Iorio – Saussure (06-08-19)

F. de Saussure, “Introducción, cap. IV-VII” en: Curso de lingüística general, trad. A. Alonso, CABA, Losada, 2015, pp. 69-98. A cargo de German E. Di Iorio.

– Cap. IV. La cientificidad del lenguaje está en la lengua. Ésta es su parte esencial y los demás elementos (los del habla) deben subordinarse a tal ciencia primera para encontrar su lugar natural. Hay una interdependencia compleja entre lengua y habla: “aquella es a la vez el instrumento y el producto de ésta. Pero eso no les impide ser dos cosas absolutamente distintas” (p. 71). A pesar de estar de hecho implicada en el habla, de derecho sería quimérico reunirlas.

– Cap. V. Hay que eliminar del estudio de la lengua lo que corresponde a la “lingüística externa” (etnología, historia política, instituciones y extensión geográfica). La prueba de que son dos puntos de vista separados es que sus métodos son diferente. Frente a la acumulación sin reparos, para la lingüística interna “la lengua es un sistema que no conoce más que su orden propio y peculiar” (p. 76), cuya regla es: “es interno todo cuando hace variar el sistema en un grado cualquiera” (p. 77).

– Cap. VI. El habla es el único objeto de la lingüística, pero la escritura es su representación habitual. El problema con este objeto extraño al sistema interno es que ha llegado a usurparle el papel principal. Este falso prestigio se debe a que: 1) por su mayor permanencia parece una mejor unidad de la lengua; 2) lo visual impresiona más que lo acústico; 3) la lengua literaria tiene a la ortografía como código escrito que la regula, lo que nos hace olvidar que se aprende a hablar antes que a escribir, “y la relación natural queda invertida (renversé)” (p.82); 4) cuando hay desacuerdo entre lengua y ortografía, es más cómodo apoyase en la segunda. Esta suplantación del espíritu de la palabra es mayor en los sistemas de escritura ideográficos (por ej., el chino) que en la escritura fonética (alfabeto griego), limitándose el estudio a la segunda. Pero la armonía griega entre grafía y pronunciación no dura, porque mientras la primera es inmutable, la segunda evoluciona sin cesar, teniendo como principal efecto una multiplicidad de signos gráficos para un mismo sonido. En conclusión, “la escritura vela y empaña la vida de la lengua: no es un vestido, sino un disfraz” (p. 88). Esta tiranía de la letra llega incluso a modificar la lengua, produciendo pronunciaciones viciosas, “lo cual es, en realidad, un hecho patológico” (p. 90). Tales monstruosidades ortográficas no son naturales a la lengua y sólo corresponden una rama teratológica de la lingüística.

– Cap. VII, La fonología es la ciencia auxiliar que libera a la lengua de la escritura al reforzar su subordinación al habla. A pesar de no ser una parte esencial de la lengua como la fonética, trazar el sistema fonológico que determine un signo escrito para cada elemento del habla es fundamental para estudiar la estructura de un idioma. En las lenguas muertas se cuenta con datos indirectos de indicios externos e internos. Para la lengua viva hay único método racional: “a) establecer el sistema de sonidos tal como resulta de la observación directa; b) observar el sistema de signos que sirven para representar -imperfectamente- los sonidos” (pp. 97 y 98).