CAPÍTULO I: «Generalidades»
«La lingüística diacrónica estudia no ya las relaciones entre términos coexistentes de un estado de lengua», como lo hace la lingüística sincrónica, «sino entre términos sucesivos que se sustituyen unos a otros en el tiempo» (de aquí en adelante, y salvo indicación en contrario, las cursivas son siempre mías. HJC). Y eso porque «la inmovilidad absoluta no existe», porque «el río de la lengua fluye sin interrupción».
Esta «evolución ininterrumpida suele quedarnos velada por la atención que concedemos a la lengua literaria» por sobre la «lengua natural» (p. 257). Más adelante (Cuarta parte, cap. II, §2), Saussure definirá a la «lengua literaria» como «toda especie de lengua culta, oficial o no, al servicio de la comunidad entera«. La «lengua literaria» es una lengua estándar, el resultado de la homogeneización de las variaciones de lengua. En este sentido, la lengua literaria es una lengua relativamente estabilizada y por eso tiene a encubrir las variaciones diacrónicas propias de la lengua natural.
«La fonética, y la fonética entera, es el primer objeto de la lingüística diacrónica» y «Para hacer la historia de los sonidos de una palabra, se puede ignorar su sentido, no considerar más que su envoltura material, y cortar fracciones fónicas sin preguntar si tienen significación» (p. 258). Esto nos permite concluir que la lingüística diacrónica se ocupa primariamente de las transformaciones en el orden de los significantes, con independencia de su significación.
CAPÍTULO II: «Los cambios fonéticos»
«Ya hemos visto [capítulo I] que el cambio fonético no afecta a las palabras, sino a los sonidos. Lo que se transforma es un fonema: suceso aislado, como todos los sucesos diacrónicos, pero que tiene por consecuencia el alterar de manera idéntica todas las palabras donde figure el fonema en cuestión; y en este sentido los cambios fonéticos son absolutamente regulares» (p. 263). Esta regularidad en los cambios fonéticos será explicada por Saussure en el capítulo IV, cuando haga referencia a la «analogía».
Hay dos tipos de cambios fonéticos: espontáneos y combinatorios. Los fenómenos fonéticos son espontáneos cuando «se producen por una causa interna» (p. 264), esto es, cuando la variación fonética no obedece al contexto. De esto podemos deducir que el cambio fonético espontáneo no obedece al eje sintagmático. Por lo contrario, el cambio combinatorio «resulta de la presencia de otro o de otros fonemas» (p. 264). Por ejemplo, cuando determinada consonante «cae» por encontrarse entre vocales, o «el paso del latín ct, pt al italiano tt […] es un hecho combinatorio, puesto que el primer elemento ha sido asimilado (diríamos, «sintagmáticamente») al segundo» (p. 265). En este sentido, tal vez sea posible asimilar los cambios espontáneos con la «analogía» -sobre todo referido al eje asociativo, es decir, no por su contexto sintagmático-, mientras que los cambios fonéticos combinatorios apunten hacia la «aglutinación» -que se corresponde netamente con el eje sintagmático- (cf. caps. V y VII).
En el §4 Saussure propone y descarta las posibles causas de las variaciones fonéticas que se han expuesto hasta ese momento, a saber: 1) la raza; 2) el suelo y el clima; 3) la ley del menor esfuerzo; 4) la educación fonética en la infancia; 5) «el estado general de la nación», es decir, la estabilidad o inestabilidad política como explicación de la correspondiente estabilidad o inestabilidad lingüística; 6) «el sustrato lingüístico anterior», esto es, la absorción de una lengua por otra; 7) los «cambios de la moda». Todas estas explicaciones adolecen del mismo problema: no son necesarias ni suficientes para explicar las variaciones fonéticas. Muchas veces estos motivos se dan sin que haya variaciones fonéticas y viceversa: muchas veces tienen lugar variaciones fonéticas sin que tengan lugar estos motivos; por lo que no sirven para dar una explicación científica de dichas variaciones. «¿Por qué ha conseguido el fenómeno penetrar esta vez y no otras? Esta observación se aplica por lo demás a todas las causas precedentes (se refiere a las causas 1-5. HJC), caso de admitir su acción; la influencia del clima, la predisposición de la raza, la tendencia al menor esfuerzo existen de un modo permanente o durable: ¿por qué, pues, actúan de una manera intermitente, tan pronto en un punto y tan pronto en otro del sistema fonológico? Un suceso histórico debe tener una causa determinante; no se nos dice con todo esto qué es lo que en cada caso viene a desencadenar un cambio cuya causa general existía mucho tiempo atrás. Éste es el punto más difícil de aclarar» (pp. 271-272).
Los cambios fonéticos sin ilimitados, es decir que «no se puede ver dónde se detendrán. Es pueril creer que la palabra no se puede transformar más que hasta cierto punto, como si tuviera en sí alguna cosa que la pudiera preservar». Esto nos da una pauta de que la lengua no tiene una estructura de variación de tipo teleológico. Las transformaciones de la lengua son ilimitadas y no tienden, por tanto, hacia ninguna totalidad en la que estaría plenamente realizada.
CAPÍTULO III: «Consecuencias gramaticales de la evolución fonética»
«Una de las primeras consecuencias del fenómeno fonético es el romper el vínculo gramatical que une dos o más términos. Por ejemplo, ya no se siente una palabra como derivada de otra» (p. 277). La variación fonética rompe las relaciones asociativas y analógicas, introduciendo nuevas. Irregulariza la lengua, produciendo simultáneamente nuevas regularidades y, por lo tanto, alterando el valor del sistema. Otras de las consecuencias del fenómeno fonético consiste en que algunas de las palabras dejan de ser analizables por aglutinación de sus componentes (§2).
Asimismo, Saussure sostiene que el fenómeno fonético no produce «dobletes fónicos«: «[…] un mismo elemento no puede estar sometido simultáneamente y en un mismo lugar a dos transformaciones diferentes; eso sería contrario a la definición misma del cambio fonético. Por sí misma, la evolución de los sonidos no tiene la virtud de crear dos formas en lugar de una» (p. 281).
Sin embargo, muchas veces las irregularidades se dan «regularmente». Distintas familias de palabras varían de manera análoga produciendo un fenómeno al que Saussure denomina «alternancia» (§4): «se puede, pues, definir la alternancia como una correspondencia entre dos sonidos o grupos de sonidos determinados, que se permutan regularmente entre dos series de formas existentes» (pp. 283-284) (en este caso la cursiva es de Saussure).
CAPÍTULO IV: «Analogía»
Frente a la alternancia, «la analogía se ejerce en favor de la regularidad y tiende a unificar los procedimientos de formación y de flexión» (p. 290). En este sentido, podríamos decir que si la alternancia es una regularización de la irregularidad, la analogía consiste en la «imitación de un modelo»; tendencia que pareciera regir al interior de la estructura de la lengua. Esto quiere decir que los cambios fonéticos no se dan aisladamente, sino que arrastran consigo a los ejes asociativos y sintagmáticos, produciendo una variación en el sistema completo de la lengua y en el valor del resto de los elementos. No hay, por lo tanto, cambios aislados en la lengua, sino que un cambio en la lengua conlleva una variación en la totalidad. «La analogía nos enseña, pues, una vez más a separar la lengua del habla […] ; nos muestra la segunda como dependiente de la primera y nos hace tocar con el dedo el mecanismo lingüístico […]. Toda creación debe estar precedida de una comparación inconsciente de los materiales depositados en el tesoro de la lengua, donde las formas generatrices están reguladas según relaciones sintagmáticas y asociativas. Así, una parte entera del fenómeno se cumple antes de que se vea aparecer la forma nueva. La actividad continua del lenguaje, que descompone en unidades que le son dadas, contiene en sí no solamente todas las posibilidades de un hablar conforme al uso, sino también todas las de las formaciones analógicas. Es, pues, un error creer que el proceso generador sólo se produce en el momento en que surge la creación:los elementos ya estaban dados. Una palabra que yo improvise, como in-decor-able, ya existe en potencia en la lengua; todos sus elementos se encuentran en sintagmas como decor-ar, decor-ación, : perdon-able, manej-able : in-contable, in-sensato, etc., y su realización en el habla es un hecho insignificante en comparación con la posibilidad de formarlo» (pp. 295-296).
Esto quiere decir que el habla está en potencia en la lengua y eso incluye también a sus creaciones y «novedades». En este sentido, bien podríamos decir que el habla no hace sino repetir la lengua y que, sin embargo, hay algo en esta última que sólo puede ser repetido transformando el sistema entero de la lengua: ¿una cierta «potencia de no»?